AGENCIA MATERIA

Los penaltes no son un cara o cruz, no los decide la suerte y, desde luego, no son una lotería. Si nos centramos en los datos y la experiencia, este tópico no es más que una excusa de mal profesional. No son pocos los estudios científicos que se han centrado en estudiar la materia de los penales, y todos obtienen la misma conclusión: hay mucho margen para mejorar el rendimiento tanto de lanzadores como de porteros. Pero sobre todo de estos últimos.

Los guardametas más duchos para evitar goles de penal no son genios dotados de un talento premonitorio para descubrir hacia dónde pateará el rival, sólo son deportistas que saben hacer bien su trabajo. Como le gusta decir a Sergio Goycoechea, uno de los mejores arqueros argentinos de la historia y especialista en la materia, “el secreto para atajar los penales es tirarse para el lado donde va la bola”. El problema surge cuando la presión no te deja hacer el trabajo en condiciones porque nubla el funcionamiento normal del cerebro. Entonces, los arqueros se dejan llevar por un impulso automático.

Un reciente estudio de la Universidad de Ámsterdam muestra que los porteros en apuros, con su equipo perdiendo la tanda de penales, se tiran instintivamente a la derecha. Un automatismo que mucho tiene que ver con el ciclo de éxito de España que comenzó en la anterior Eurocopa, pues ayudó a superar al fin los malditos cuartos de final. En Viena, ante Italia, cuando Gianluigi Buffon tenía que parar sí o sí el lanzamiento de Cesc, el guardameta toscano eligió su derecha. Fàbregas chutó raso al palo contrario y comenzó la leyenda de La Roja. [En las semifinales de la Copa Confederaciones, Buffon volvió a tirarse a la derecha, aunque acertando la intención de Navas].

“Los tiradores son los únicos que tienen algo que perder en los penales. Los porteros son los únicos que pueden ganar y convertirse en héroes”, sostiene Khan, y las cifras le dan la razón. Lo normal es meter los penales (en los Mundiales, más del 70%). Lo extraño, y a veces épico, es pararlos: el portero sólo detiene por lo general uno de cada cinco.

Sin embargo, hay una circunstancia en la que es el arquero el que tiene toda presión: cuando su equipo va por debajo en el tanteo. Entonces deja de pensar con la relativa tranquilidad que da su posición y se siente obligado a desviar la bola. Y falla, como es natural, cuando le quita las riendas a sus habilidades y se las entrega a sus impulsos instintivos. El mismo estímulo que lleva a los sapos a lanzar hacia ese lado su lengua cuando creen que la mosca se les escapa y que provoca que los perros menen el rabo hacia la derecha cuando ven a su dueño.

Así, en lugar de hacer su trabajo, le conceden al jugador contrario una gran ventaja, un regalo imperdonable: todo el lado izquierdo de la portería. Los investigadores repasaron lo sucedido en todos los penales lanzados desde que se presentó en sociedad Naranjito: entre el Alemania Occidental Francia de 1982 hasta el Uruguay Ghana de 2010, se han tirado 204 para dirimir 22 encuentros. En todas esas tandas, cuando el equipo del portero iba empatado o por delante, el guardameta se venció por igual hacia izquierda o derecha, fifty-fifty.

En cambio, cuando su selección iba por detrás, la probabilidad de que el portero cayera sobre su costado diestro se multiplicó: el 71% de la veces se tiró a la derecha, el 29% a la izquierda. La consecuencia fue nefasta. Como los tiradores siguieron chutando indistintamente hacia un lado u otro, la tasa de paradas se desplomó en todas esas tandas de penaltis. Y así, los porteros pasaron de obtener un 22% de efectividad a tan sólo vencer en un lamentable 8% de sus duelos, dejando de ser eficaces. Como Buffon en 2008.