ENTREVISTA. Joaquín Barceló
Especialista chileno estuvo en Lima para analizar "La divina comedia" desde una perspectiva política. Universidad del Pacífico celebra los 700 años de la inmortal obra
Por Enrique Planas
Hace 700 años, Dante Alighieri (Florencia, 1265 - Rávena, 1321) se sentó a escribir "La divina comedia", una de las obras máximas de la literatura universal producida en Europa durante la Edad Media. En Lima, la Universidad del Pacífico ha tenido la iniciativa de organizar un ciclo de conferencias y muestras sobre la obra y la figura del célebre poeta italiano, y entre los especialistas invitados a la dantesca cita destaca el prestigioso intelectual chileno Joaquín Barceló. En su conferencia, Barceló ofreció una visión de "La divina comedia", en que puso el lente en la política de su época. Especialmente, las pugnas entre güelfos y gibelinos, las dos principales fuerzas políticas de entonces, así como la concertación entre la Iglesia y el Estado, y, sobre todo, la mezcla existente entre actividades terrenales y espirituales. "Dante es un previsor del futuro --señala Barceló-- porque en su obra él preconiza la división entre el Estado y la Iglesia. El discurso de Dante fue revolucionario para los tiempos en que los papas coronaban a los emperadores", explica.
Es curiosa la trayectoria política de Dante. Comenzó siendo de los güelfos, luego fue gibelino y después aborreció a ambos grupos. ¿A qué respondían estos quiebres?
A los desengaños sucesivos. Dante era de familia güelfa, partidario del poder político de la Iglesia, pero fueron ellos mismos los que se dividieron y manejaron mal la política florentina. Dante se decepcionó de los güelfos y se acercó a los gibelinos. Y también se apartó de ellos. En realidad, ambos partidos ya no peleaban entonces por ideales, sino por intereses particulares y mezquinos. Luchaban uno contra otro de forma muy violenta, muy poco noble y sin un ideario digno de respeto.
¿Cómo cree que ha variado las lecturas de Dante en los últimos tiempos?
Hay ahora una mayor comprensión de la obra de Dante, más auténtica, porque reconocemos su carácter objetivo y su rechazo a la subjetividad. Por ejemplo, en "La divina comedia" aparecen los espíritus de dos monjas, cuyos parientes las sacaron a la fuerza del convento para que se casaran por razones políticas. En el Paraíso ellas tienen menos gloria, porque sus votos quedaron interrumpidos. Uno podría preguntarse qué culpa tenían ellas, pero para la mentalidad objetiva de Dante, en sus vidas hubo una falla, una mancha: no cumplir a cabalidad sus votos.
Si trasladamos esa mentalidad objetiva a la política, nos damos cuenta de que Dante fue especialmente sectario... Pensaba en la unificación de Italia no importaba si esta se lograba bajo el poder del emperador alemán, por ejemplo. El fin justificaba los medios...
Sin duda esa frase no fue un invento de Maquiavelo, quien supo verlo siglos después. Maquiavelo no tenía ninguna ingenuidad. En cambio, Dante era ingenuo en materia política. Para él, el mayor enemigo de la justicia era la codicia, cosa que posiblemente sea verdad. Entonces propone que la única forma de exterminar la codicia del mundo es mediante un emperador que tenga poder sobre todo el mundo, que lo posea todo, para que para el resto de los hombres no haya nada para codiciar. Lo cual es imposible.