Crítica de arte: Hernán Pazos

Por Élida Román

Antológica a partir de la simultaneidad" es la clasificación que Hernán Pazos ha encontrado para esta excelente selección de su obra que se presenta en el Icpna-Miraflores, que abarca tres décadas de una propuesta siempre fiel a sí misma, buce dentro de su propio laberinto, regresa y rechaza sus propias coordenadas y tironea sus amarras para desligarse de todo canon o sistema establecido.

Desde la serie que compone "La tormenta" (1978/79), una gran masa gris, circunscrita y flotante, sobre un fondo que se asemeja a cielos seminublados, la ambigüedad queda instalada en la imagen. Un juego de sorpresa y absurdo que no hace sino metaforizar una relatividad de lo percibido que llevará al infructuoso acto de tratar de buscar la asociación necesaria que alivie la incógnita. ¿Qué es? ¿Cómo definirla? ¿Para qué...? interrogantes que parecieran ser la respuesta refleja ante formas que no se afilian a ritmos o armonías que ayuden a localizar el sentido.

A esta serie temprana, expuesta como la seriación del 'cómic' o los momentos de la obra animada, sigue "La huida" (perteneciente a la serie sobre el amor y la violencia) (1987/88), en que Pazos aborda un desplazamiento de elementos, tanto en el despliegue físico de los soportes como en la cohabitación de imágenes que en mucho se acercan a la ilógica de los sueños. Un onirismo que también responde a las dudas de la vigilia, a las sensaciones de la experiencia, y aun a las elucubraciones que llevan a juicios necesarios.

Hasta aquí las inclusiones de elementos reconocibles y, por consiguiente, la presencia de algunas guías a ser utilizadas con las libertades que cada uno asuma. El resto de lo presentado se interna abiertamente en la zona de los signos, de las formas propias e independientes, que pese a su utilización reiterada no juegan roles o asumen los términos de una semántica sistematizada. Las organizaciones visuales de estos conjuntos lo son solo amparadas en la familiaridad del color. Si bien Pazos tiene un alfabeto creado, lo es solo para su propia lectura. Permanecerá como un signo válido sin que sea permitido asignarle traducción. Encierro y liberación que se vive al dialogar con esta pintura.

El sentido de fragmentación no es presentado como destrucción, sino como constante reorganización producida por un servomecanismo extraño y tan natural como inidentificable. Sobre imágenes autosuficientes al momento de su creación, el autor ha regresado, criticado y seccionado, para recomponer nuevas formas con sus fragmentos, volviéndolos elementos renovados y ajenos a aquella primera determinación. Un 'corsi e ricorsi' que no recrea historias sino sensaciones.

Casi treinta años abarca esta estupenda muestra, una de las más rotundas que se han presentado en los últimos meses. En ella se puede reencontrar a un artista que tiene una trayectoria que puede tildarse de marginal, donde no se encuentra influencia determinada ni adhesiones contemplativas, sino una tenaz insistencia en proponer una activa mecánica de reflexión visual, independiente y liberadora.