Por Francisco Melgar
Pepe Corzo empezó su carrera de diseñador de modas a comienzos de los años 90, incursionando como vestuarista en varios montajes del recordado Grupo Uno, para luego llevar sus radicales y llamativas colecciones a desfiles realizados en diversos países de América Latina y Europa. En los últimos años, junto con su labor como director de arte para distintos comerciales de televisión, Corzo se ha hecho notar en el competitivo mercado español, y ha tenido a su cargo el diseño del vestuario para las galas de inauguración del carnaval en Las Palmas de Gran Canaria en 2005 y 2007, así como diseñar el vestuario para el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Hoy Corzo vuelve al Perú para asumir la dirección de arte de la comedia "Puro Cuento", actualmente en cartelera en el Teatro Peruano --Japonés.
¿Cuándo empezó tu vocación?
Creo que desde que tenía cinco años, cuando estaba en el nido. Es curioso, muchas de las herramientas que utilizo actualmente son las mismas que usaba entonces. Siempre estuve pegado con el collage, por ejemplo, cortando y pegando formas y colores; no sabía por qué, era solo la necesidad de satisfacer la ansiedad por hacer algo. Con el tiempo, con el trabajo que tengo ahora, creo que acabé resolviendo esa ansiedad. A veces, cuando estoy trabajando, me acuerdo de mí mismo, sentado en el nido, cortando papeles, pegando figuras, es increíble.
¿Dónde aprendiste tu oficio?
Yo no escogí el camino que acabó tomando mi vida. Las cosas fueron apareciendo y aprendí en el camino. Yo estudiaba letras en la Universidad Católica, pero me salí. Me di cuenta de que la universidad no era lo mío. Lo hacía por obligación. Creo que aún no sabía lo que quería. En un momento me percaté de que si en lugar de estudiar seguía dibujando y diseñando cosas, era eso lo que tenía que hacer. Si solo hay una cosa que me provoca, entonces mejor me dedico a hacer lo que me gusta, ¿no?
¿Qué hiciste entonces?
En ese momento estudié Diseño de Modas. Es asombroso, pero de inmediato empezaron a surgir oportunidades de trabajo. Y aunque no sabía mucho, acabé aprendiendo, tenía muchas ganas. Aprendí haciendo vestuarios para espectáculos. Empecé trabajando para el Grupo Uno, que hacía danza-teatro, donde estaban Lucho Peñaherrera, Daniel Kanashiro, Diana Quijano. Esto fue en 1991. Desde entonces, decidí que cada espectáculo fuese un laboratorio: cuando quise aprender serigrafía, hice un espectáculo con serigrafía, cuando quise aprender a usar vidrios, hice un espectáculo con vidrios. Y así sucesivamente.
¿Y el diseño de modas?
En ese momento empecé a trabajar mis primeras colecciones. Mi primer desfile se llamó Mentira, y lo hice en Alemania. Trabajé con cierres, estampados, mucho colorido. Creo que allí empezó un estilo que, con ayuda de la tecnología, mantengo hasta hoy. Cuando hacía ropa yo no pensaba en vender, sino en causar un impacto en el desfile. Toda la década de los 90 vivo metido en los desfiles. El punto de quiebre llega en el 2000, cuando abro mi taller propio y empiezo a entrar en publicidad. Por una casualidad, cuando realizaba un comercial para Pilsen, el director de arte desaparece y yo tomo su lugar.
¿Qué le proporcionó la publicidad a tu trabajo?
Bueno, te comienzas a pulir y a trabajar más rápido. Empiezan las presentaciones de proyectos, la preparación del vestuario y de la escenografía. En la publicidad hay mucho dinero y mucho profesionalismo involucrados. Gracias a ella aprendí a ver vestuario, escenografía: todo. Ahora es muy raro que acepte hacer solo vestuario, a menos que sea algo muy especial, como el caso del Teatro de la Zarzuela. Pero uno no sabe a donde se dirige y una cosa lleva a otra. Por ejemplo, ahora el Teatro de la Zarzuela se ha interesado en mí no solo como vestuarista.
¿Entonces?
Quieren que vea la imagen tanto del espectáculo que va a hacer gira por todo el mundo como de las próximas temporadas líricas.
¿Cómo surge el trabajo para el Teatro de la Zarzuela?
En el 2000, unos españoles vinieron a dictar un curso de escenografía. Los conocí, y al poco tiempo de su regreso a España, ya me estaban llamando para hacer un montaje allá. Al año me llamaron para otro montaje que estrenamos en Las Canarias, donde conozco a otra gente que me llama al año siguiente para realizar un montaje, que hice por Internet. Así paso esta última época, haciendo un trabajo al año para España. Hasta que mis amigos escenógrafos me llaman y me preguntan si quiero trabajar para el Teatro de la Zarzuela. Mandé mi portafolio y me dijeron que fuera un mes y medio para bocetear, y el próximo año tres meses para supervisar la confección. No me daba cuenta de lo que era. Recién allá me percaté en qué me había metido.
¿Te sorprendiste?
Claro. He estado trabajando en el Taller Cornejo, el mejor que hay en España, en el que hacen películas para toda Europa y Estados Unidos. Fue increíble, me dejaban hacer todo, me traían lo que pedía: muestras de Alemania, de Italia. Era mi sueño de niño hecho realidad, estaba haciendo lo mismo que en el nido, pero ahora para el Teatro de la Zarzuela, el segundo teatro más importante de España, la cuna de la zarzuela. Lo más gracioso es que el vestuario fue un éxito. Solo hice lo que me gusta y los sorprendí. Creo que entré en el momento perfecto, justo cuando esa institución de 150 años, tan tradicional, necesitaba renovarse.
¿Cómo reaccionó la crítica especializada?
¡Increíble! Fueron muy celebrados. Mis bocetos se han quedado en exhibición en el Teatro de la Zarzuela, imagínate.
¿Qué momento de tu experiencia en España recuerdas con más cariño?
Mi papá es un fanático de la zarzuela. Yo he crecido escuchándolo cantar en las mañanas, cuando tomábamos desayuno. Él no podía creer que estaba allí, en los ensayos, en el estreno. Y yo estaba doblemente emocionado, no podía creer que había llegado hasta allá, sin proponérmelo, pero justo al lugar que mi papá quiere. Fue como un regalo para él. Recuerdo que yo le decía: "Papá, estos momentos tan bonitos son para ti, no para mí".