Palabra de crítico

El Dossier Vargas Llosa, nuevo libro de José Miguel Oviedo, completa un intenso viaje por el universo literario de MVLL

En 1970 el sello catalán Seix Barral publicó la primera edición de Mario Vargas Llosa: La invención de una realidad, el primer estudio crítico integral de la obra de nuestro escritor conocida hasta ese momento. Su autor, José Miguel Oviedo, un importante crítico peruano, actualizó el volumen en dos ocasiones, para sus respectivas reediciones, en 1982 y 1987.

Sin embargo, la obra de Vargas Llosa continuó creciendo, pero el libro de Oviedo, seguramente agotado, pasó a la categoría de, como mínimo, libro dificílmente hallable. Esto, por suerte, no significó un silencio crítico, ya que Oviedo siguió estudiando la obra de Vargas Llosa y compartiendo sus impresiones sobre los libros que abultaban cada vez más la bibliografía del escritor arequipeño desde foros académicos, revistas literarias y periódicos de distintos países del ámbito hispano.

Todo ese material posterior a la última edición conocida de La invención de una realidad, que ha pasado además por un proceso de revisión y selección, es el que le ha servido de materia prima, precisamente, para el Dossier Vargas Llosa, una puesta al día por ese intenso periplo crítico que Oviedo ha venido poniendo en práctica desde hace casi cuatro décadas.

La lectura de Oviedo en este nuevo acercamiento nos revela, una vez más, a un crítico agudo y al mismo tiempo a un fino lector. Y como si esto no bastara, en las palabras iniciales del libro nos encontramos con una interesante reflexión sobre su oficio: "La tarea crítica es un ejercicio de la imperfección, una perpetua cacería que busca su presa mediante sucesivas aproximaciones y asedios, a veces fallidos. Pero aceptar que el juicio crítico, aun el más perspicaz, es siempre relativo, no debe tomarse como una seria limitación o deficiencia (.) La crítica no busca la exactitud de una verdad inmutable, sino el hermoso riesgo de sostener una opinión y someterla a prueba" (p.10).

Avisados de este exorcismo, recorremos las páginas del Dossier.como quien asiste a la lectura misma del crítico y disfruta de sus agudezas, de su capacidad de síntesis, de esa presunta facilidad con que desbroza argumentos, estructuras narrativas y temas predominantes en una obra literaria.

La lectura de Oviedo presenta, creo, un sabio equilibrio, al situarse lejos del análisis literario más tradicional y conservador y lejos, también, de aparatos conceptuales o teóricos que a veces se aplican, sin más, sobre cualquier texto de ficción. Oviedo se consagra a los textos como su fuente primera y de ese close reading surge la reflexión.

De los textos que componen el Dossier., tal vez el primero, titulado "Una transición clave del realista: De Conversación en La Catedral a La tía Julia y el escribidor", sea uno de los más acabados. En él, Oviedo explora -y explica- lo que él llama el primer período de la obra creadora de Vargas Llosa, comprendido por las novelas La ciudad y los perros (1963), La casa verde (1965) y Conversación en La Catedral (1969), tres novelas que en conjunto llevan la estética realista a un punto tan extremo que termina dando pie a un regreso a ficciones menos abarcadoras pero aun así, portadoras de dos elementos nuevos: el primero, el humor, que se materializa sobre todo en Pantaleón y las visitadoras (1973); el segundo, la autorreferencialidad, patente en La tía Julia y el escribidor (1977), una de las pocas novelas peruanas que problematiza la figura autoral.

Otro texto de interés es "Vargas Llosa y el boom", en el que contextualiza con brillantez al peruano en la época de esplendor de la novela hispanoamericana, anotando especialmente sus aportes narrativos, como en este pasaje: "Lo que al inicio trajo Vargas Llosa de singular dentro del "boom" fue un arte de contar que mostraba visibles rastros de sus lecturas de la novela moderna y contemporánea, al mismo tiempo que una gran libertad frente a ellas, pues no lo guiaba un afán de imitación, ni siquiera de emulación, sino el fervor de contar con intensidad y, al mismo tiempo, con objetividad una historia entretejida con muchos hilos personales" (p.59).

Completan el libro una relectura de La ciudad y los perros ("La ciudad y los perros: 40 años después"), un asedio a El paraíso en la otra esquina ("Las utopías de Flora y Paul") y a Travesuras de la niña mala ("Reflexiones sobre una niña mala"), además de atacar dos facetas del escritor: "Vargas Llosa, actor", sobre su incursión en la actuación y "Vargas Llosa, testigo del mundo", que aborda al escritor como cronista y testigo de algunos de los principales sucesos mundiales. En suma, Oviedo nos ofrece no solo su valiosa experiencia como lector, sino también la lección de un crítico cuyo compromiso primero y último es la literatura. (ARD)