Letra Viva: Una nueva odisea

Por Ricardo González Vigil

Al titularse "Odiseo y Penélope" (Editorial Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores) la obra de Vargas Llosa se aparta de la nominación en la épica y el teatro griegos, los cuales optaban por el protagonista masculino (el único en la épica) o femenino (cualquiera de los dos en el teatro, verbigracia "Edipo rey" o "Antígona"), pero nunca ostentaban una pareja. Con las primeras novelas conocidas, las escritas en Alejandría poco antes del nacimiento de Cristo, en auge en los siglos II-IV, llega la pareja, por fin, al rótulo; por ejemplo, "Dafnis y Cloe". A pesar de que formas novelescas posteriores, como los libros de caballería, los pastoriles y los picarescos, mantienen la elección entre el protagonista masculino (el único en la novela caballeresca y casi único en la picaresca) o el femenino (el único en la pastoril), la herencia alejandrina persistió en la novela bizantina. Sirva de ejemplo Cervantes: denomina "Quijote" a su parodia caballeresca y "La Galatea" a su novela pastoril, pero "Los trabajos de Persiles y Segismunda" a su homenaje a la novela greco-bizantina. Shakespeare ya se atreve a titular algunas de sus tragedias "Antonio y Cleopatra", "Romeo y Julieta" o "Troilo y Cressida"; en cambio, el clasicismo de Corneille y Racine les impide hacerlo.

Valga la aclaración porque Vargas Llosa, al plasmar su genial versión de "La Odisea", ha privilegiado su potencial novelesco, ya que, a diferencia de "La Ilíada", no aborda una gesta, sino una serie de aventuras en lugares remotos con seres extraordinarios que hacen volar la imaginación. Eso, y el final amoroso feliz, y el relieve del acto de contar historias (el ciego Demódoco y, sobre todo, Odiseo en diversas ocasiones, principalmente ante la corte de Alcino), convierten a "La Odisea" en un antecedente del género novelístico; mientras que "La Ilíada" sirvió de matriz a la tragedia, conforme lo percibieron los propios trágicos griegos. Formidablemente MVLl subraya la condición de narrador oral de Odiseo, haciendo que tanto él como Penélope exalten el poder de la fabulación: "Penélope: Se me ocurre, de pronto, que más que un aventurero, eres un fantaseador. Un contador de cuentos () Odiseo: no estoy seguro si de veras las viví, o si, al contarlas, cambiaron tanto que es como si las estuviera inventando" (p. 112).

Resulta moderna esa conciencia de la ficción. También se siente actual la primacía que otorga al tema erótico, no solo porque hace que Odiseo cuente sus aventuras a Penélope, sino por la sensualidad erótica de Circe, las Sirenas, Calipso y Nausica, tanto más llamativa cuanto que MVLl no rehace todas las aventuras de Odiseo (Eolo, Proteo, etc.), suprime los cuatro primeros cantos, la llamada Telemaquia dedicada al hijo en busca de su padre (búsqueda apenas mencionada en la versión de MVLl, seguramente por lo frustrante de su padre) y resume apretadamente los numerosos cantos que Homero consagra a Ítaca.

ARGUMENTO
Adaptación de "La Odisea" a la exploración narrativo-teatral que Vargas Llosa inauguró con sus lecturas teatralizantes de "La verdad de las mentiras": "un espectáculo que utilizaba ciertos textos literarios como materia prima para fabricar ficciones contadas, leídas y representadas en el escenario" (p. 144). Comienza cuando Odiseo recobra a su esposa Penélope y se entregan "al deleite de la conversación" (canto XXIII): desfilan sus aventuras en sus diez años de viaje a Ítaca hasta que, con la ayuda de Telémaco y Eumeo, mata a los pretendientes de Penélope y reina en la isla. Completa el volumen un testimonio de MVLl sobre su pasión por el teatro y los narradores orales, así como fotos del estreno. (Mérida, 2006).