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Los cultivos transgénicos en el 2015

La semana pasada, el Servicio Internacional de Adquisición de Aplicaciones de Biotecnología Agrícola (ISAAA, por sus siglas en inglés), presentó su informe anual sobre la situación de los cultivos transgénicos en el mundo. El dato más interesante —que ha sido cubierto por la mayoría de los medios— es que se ha reducido el área sembrada con cultivos genéticamente modificados (GM) en el mundo, pasando de 181,5 a 179,7 millones de hectáreas del 2014 al 2015. Si bien estos valores podrían estar sobrestimados, los transgénicos cubren aproximadamente el 10% de toda área cultivada de nuestro planeta.

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Este reporte y sus gráficas son muy usadas en cualquier charla que tenga que ver con los cultivos GM, por lo que es importante comentar cosas que normalmente se pasan por alto.

Países que los cultivan

De acuerdo al reporte, 28 países del mundo cultivan transgénicos, de los cuales 20 son países en vías de desarrollo que se estarían beneficiando con la tecnología. Sin embargo, al analizar con más detalle las estadísticas vemos que sólo en cinco países (Estados Unidos, Brasil, Argentina, India y Canadá) se concentra el 90% (162,2 millones de hectáreas).

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Los números alrededor de la torta indican los millones de hectáreas de cultivos GM en cada país.

No solo eso, de las 17,5 millones de hectáreas que están distribuidas en los 23 países restantes, 15 millones se concentran en China, Paraguay, Paquistán, Sudáfrica, Uruguay y Bolivia. En otras palabras, el 98,6% de la producción mundial de cultivos GM se concentran sólo en 11 países.

La principal característica de los cinco primeros países más China es su gran extensión geográfica. Cuentan con millones de hectáreas de áreas destinadas a la agricultura —una de sus principales actividades económicas— cuya producción está orientada generalmente a los commodities como la soya, el maíz y el algodón. Bolivia, por su parte, concentra más de un millón de hectáreas de soya transgénica en la región de Santa Cruz de la Sierra. Paraguay y Uruguay, si bien son países pequeños, la mayor parte de su territorio es plano, ideal para la agricultura a gran escala.

En el resto de países, la adopción de los cultivos GM es mínima. En Chile solo se produce semillas de maíz, soya y canola transgénica para exportación (sus propios agricultores no las pueden utilizar). En Costa Rica hay unas pocas hectáreas de campos experimentales de algodón y piñas transgénicas. Y Bangladesh está probando 25 hectáreas de la berenjena resistente a insectos desarrollada en la India.

El reporte también indica que, en los 20 años que llevan utilizándose los cultivos GM en el mundo, unos 18 millones de agricultores se han visto beneficiados por la tecnología, de los cuales, el 90% son pequeños agricultores. Es importante diferenciar a un “pequeño agricultor” de Estados Unidos, Brasil o Argentina, incluso de la región de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia, de uno de la India o China. Los primeros pueden tener unas 20 a 50 hectáreas de cultivo y ser denominados, en sus contextos, “pequeños agricultores”.

¿Qué se cultiva?

A la fecha se han emitido muchas autorizaciones para la plantación de al menos 30 cultivos GM. Sin embargo, el 99% corresponde sólo a cuatro cultivos: soya (51%), maíz amarillo —conocido también como maíz para pollos— (30%), algodón (13%) y canola (5%). Los dos primeros están destinados principalmente a la preparación de piensos para la alimentación animal, el algodón para la industria textil y la canola para la producción de aceites y biocombustibles.

De las 23,4 millones de hectáreas de algodón transgénico sembrado en el mundo, la mitad se concentra en India. La soya transgénica se produce principalmente en Estados Unidos, Brasil y Argentina, los cuales la exportan a todo el mundo, especialmente, al mercado chino (por esta razón, muchos agricultores se vieron perjudicados debido a la crisis económica china).

Fuente: ISAAA.

Fuente: ISAAA.

Otro dato interesante es que el 86% de los cultivos GM (el 33% como eventos apilados o stacked, es decir, que también poseen resistencia al ataque de insectos) son tolerantes a herbicidas , principalmente, al glifosato y, en menor medida, el glufosinato, 2,4-D y Dicamba.

La pregunta cae de madura: ¿Por qué hacer un cultivo tolerante a herbicidas? La respuesta es simple. Imagina que tienes una pequeña chacra o un huerto en la parte trasera de tu casa y un día decides plantar maíz (o cualquier otro cultivo). Para que tus plantitas crezcan sanas y fuertes, eliminas todas las malas hierbas que compitan con ellas por la luz y los nutrientes. Como tu chacra es pequeña, el desyerbe lo haces a mano o aplicas un herbicida localmente, por cada uno de los surcos con un rociador, para evitar que rebroten las malezas al menos por un tiempo. Si tu chacra es un poquito más grande, contratas a unos jóvenes para que te ayuden en la faena. Sin embargo, si tienes 20, 30, 50, 100 o más hectáreas —como muchos agricultores en Estados Unidos, Brasil o Argentina— te pasarás todas la vida eliminando las malas hierbas si lo haces manualmente. Lo más sensato sería fumigar todo tu campo de cultivo usando avionetas. Pero tus plantas también serían afectadas por el herbicida. Entonces, para facilitar el manejo de las malezas en cultivos de grandes extensiones, se desarrollaron plantas que toleran las fumigaciones con un determinado herbicida.

El problema es que el uso excesivo del mismo herbicida —en este caso el glifosato— ha provocado la aparición de malezas resistentes. Por esta razón, están saliendo al mercado plantas tolerantes a otros herbicidas adicionales como el 2,4 D y el Dicamba, los cuales ya no son tan “amigables” con el ambiente.

Causas de la reducción

Una de las principales causas es la caída de los precios del maíz, algodón y canola el año pasado, lo que produjo que Estados Unidos cultive dos millones de hectáreas de transgénicos menos que en el 2014. Esto también fue observado con el cultivo de algodón GM en China y de canola GM en Canadá.

Otro problema ha sido la sequía que ha afectado a muchos países africanos. Y aquí se ve una de las grandes promesas que, a la fecha, no han cumplido los cultivos GM: desarrollar variedades que toleren este tipo de estrés que ahora es más frecuente a causa del cambio climático.

Si bien es cierto, en Estados Unidos se desarrolló un maíz tolerante a la sequía llamado DroughtGard®, cuya patente ha sido cedida al programa WEMA (Water Efficient Maize for Africa), el rendimiento de maíz GM es solo 15% mayor que la variedad convencional cuando hay sequía. Es decir, igual hay pérdida, pero esta podría reducirse en un 15%. Sin embargo, se debe tomar en cuenta que el sistema dd riego en Estados Unidos es muy eficiente, y que a pesar de haber sequías se cuenta con suministro de agua, aunque en menor cantidad. En África y en muchos países pobres, los agricultores solo dependen de las lluvias.

Hay mucho más para comentar sobre este reporte presentado por el ISAAA, pero lo dejaremos para un siguiente post.

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