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Domingo, 19 de marzo de 2006
De las antiguas unidades vecinales a los minidepartamentos en masa
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En los últimos cinco años se ha otorgado 40.860 créditos para vivienda en Lima y se ha definido la nueva alternativa más accesible para la familias: departamentos de 60 m2.



Quince a veinte pasos son suficientes para recorrer todos los ambientes de la casa del profesor Héctor Ángeles, quien muestra orgulloso su pequeña conquista territorial junto con su esposa y sus dos hijas. La vida de los nuevos vecinos del edificio número 38, en el conjunto residencial Fernando Belaunde del Cercado de Lima, transcurre desde hace dos semanas en un departamento de 61 metros cuadrados (m2), donde caben dos dormitorios, una sala-comedor, una cocina-lavandería y un baño.

Sus ahorros de jubilación permitieron solo un minidepartamento, pero no se lamenta: "Es mejor tener la tranquilidad de algo propio. Todo es cuestión de acomodarse", comenta quien tampoco pone mala cara ante las nuevas reglas de convivencia con los vecinos de arriba, abajo y al costado ni ante la idea de salir de la residencial de 64 edificios para ir a la tienda o a la farmacia.

En Lima, la opción de vivienda más accesible que impone el mercado son departamentos de entre 46 m2 y 61 m2. Un vistazo rápido a la ciudad basta para darse cuenta de la multiplicación de edificios y conjuntos residenciales, que promueve el Estado y ejecutan constructoras privadas.

Desde el 2002 hasta la fecha, se ha otorgado 40.860 créditos para vivienda en Lima a través del Banco de Materiales, Mivivienda y Techo Propio, programas con los que se intenta frenar la expansión desordenada e informal de una urbe sobrepoblada y con un déficit de 300.000 viviendas.

Aunque el viceministro de Vivienda, Guido Valdivia, admite que el esfuerzo es aún insuficiente, lo cierto es que se ha logrado definir en los últimos cinco años una nueva alternativa de vivienda: departamentos de precios bajos, pero caracterizados por sus pequeñas dimensiones.

"El hogar de la familia de la urbe que vive en edificios multifamiliares se ha ido reduciendo de 80 m2, que tenían como mínimo los departamentos de los antiguos programas de vivienda, a los 46 m2 de hoy", comenta Vladimir Arana, presidente de la Sociedad Peruana de Urbanistas.

URBANO: LA UNIDAD VECINAL
Medio siglo después de que se construyeran como los elementos descentralizadores de una Lima con un Centro Histórico tugurizado, las unidades vecinales N°3, Matute, Rímac y Mirones representan hitos urbanos que se mimetizan en la selva de cemento de la capital.

Fueron la primera respuesta estatal ante el déficit de vivienda y podríamos considerarlas las precursoras de los edificios multifamiliares de hoy, pero con la gran diferencia de que se diseñaron como miniciudades, donde sus 5.000 habitantes, sin salir de la unidad, pudieran encontrar colegios, comercios, postas médicas, una comisaría, una parroquia y espacios de recreación.

"Se planteó una solución integral al problema de habitabilidad, no solo al problema de vivienda", sostiene la arquitecta Mawi Ruiz en su tesis "Unidades Vecinales: 40 años de arquitectura urbana moderna en Lima", en la que analiza la evolución de los programas de vivienda colectiva, desde las unidades vecinales en los años cuarenta hasta los edificios multifamiliares de gran altura en los años sesenta y ochenta, ubicados en zonas urbanas consolidadas, cuyos íconos son las torres de la Residencial San Felipe (Jesús María) y las de San Borja.

Primero dirigidos a las familias de los obreros, luego de los empleados y profesionales, dichos programas de vivienda, impulsados por el ex presidente Fernando Belaunde, tuvieron la constante de diseñarse como células urbanas autosuficientes que nacían con su propio equipamiento urbano.

EL EQUIPAMIENTO URBANO
El 'boom' de la construcción de edificios residenciales que se insertan en diversos distritos de Lima ha generado, precisamente, esta preocupación: "Al aumentar la población en un mismo lugar, se reducen los servicios, la infraestructura y el equipamiento por persona , así como las áreas verdes", advierte la Sociedad de Urbanistas del Perú.

Para Armando García Campos, presidente de la Comisión de Desarrollo Urbano de Lima, el proceso no va a resultar así: "Una vez generada la demanda, aparecerá la oferta y a las municipalidades les corresponderá estimular la creación de equipamiento urbano que, en su opinión, debe hacer el sector privado.

La preocupación municipal esencial --dice el arquitecto-- es la creación y preservación de las áreas verdes. "La reforestación de riberas del río, parques zonales gigantes en la periferia son salidas en las que ha pensado la Municipalidad de Lima para inyectarle áreas verdes a una urbe que acoge a siete millones de habitantes", afirma García.

ESPACIOS HABITABLES
En un país donde la familia promedio tiene cinco miembros y, advertidos de que su capital va a seguir creciendo, la pregunta es si los departamentos de 46 m2 o 60 m2 podrán dar una calidad de vida adecuada a sus habitantes.

El viceministro Guido Valdivia apunta hacia un cambio tecnológico que ya se ha producido en la sociedad: "El tamaño de todos los artefactos domésticos cada vez tiende a ser menor". Aunque reconoce que esta es una preocupación que estará incluida en una futura ley de urbanismo que su sector ya elabora. Armando García completa esta visión cuando habla de la migración interna familiar: "Si la ciudad sigue creciendo y --como esperamos-- la condición económica del país va a ir mejorando, las familias van a buscar departamentos más grandes y se va a producir una migración familiar interna en la ciudad. Lo que tiene que existir en la ciudad es oferta para todos los precios y todas las capacidades".

Para la arquitecta Mawi Ruiz, los programas de vivienda de este quinquenio han marcado una nueva etapa en la que es un síntoma positivo que se hayan creado nuevas alternativas para que la población tenga un techo propio.

Sin embargo, plantea también que debe evitarse la especulación económica de los promotores inmobiliarios que reducen a niveles insuficientes los espacios habitables, donde ya no existe una preocupación por el equipamiento e infraestructura necesarios, como para que una comunidad se desarrolle.



Fabiola Torres López
4 Hasta donde expandir Lima
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