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Las playas en la memoria de los limeños

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Así como en esta postal de 1977, en estos momentos cientos de veraneantes deben estar ocupando un espacio en las candentes arenas de Agua Dulce, en Chorrillos. (Foto: Archivo Histórico El Comercio)

Si hay algo que les gusta a los limeños -al menos a la mayoría- es ir a la playa. Con todos sus problemas, el romance con ese pedazo de tierra frente al mar seduce.

Es una vieja historia de amantes. En los años 20, cuando el tiempo cambiaba de la tibia primavera al caluroso verano, los limeños -vecinos casi todos del centro de Lima- se trasladaban temporalmente a cualquiera de los balnearios a su alrededor para descansar y disfrutar bajo el abrazo de los rayos solares.

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En el verano de 1969 las familias hacían campamentos en las lejanas playas del sur limeño. (Foto: Archivo Histórico El Comercio)

Desde mediados del siglo XX, el fenómeno de las migraciones masivas del interior a Lima hizo que esta se extendiera y creciera, al punto de que ya no se percibían aquellos traslados veraniegos de los decenios anteriores, puesto que todo quedaba más cerca para los nuevos vecinos limeños.

En los años 50 hacia adelante, las playas del litoral limeño han sido visitadas por masas de bañistas de todas las condiciones socioeconómicas, los que, a la tradicional Costa Verde, sumaron en su panorama playero zonas al sur de Lima.

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Escapando del calor, cientos de veraneantes llegaron a Pucusana un día como hoy de 1964.  (Foto: Archivo Histórico El Comercio)

En esa expansión, surgieron en el radar playero espacios como Punta Hermosa, San Bartolo, Pucusana, Santa María, Cerro Azul, etc., en cuyas playas abundaron desde los años 70 los campeonatos y las competencias de surfing entre jóvenes y niños, siempre resguardados por los salvavidas de la Guardia Civil.

Entre los locales más recordados de los años 60 en la Costa Verde aparecerá en la memoria de muchos el inolvidable club Samoa, con sus bien vestidos mozos que, en sus descansos, tenían en la playa de La Herradura una hermosa vista al mar; mientras, en fila india, los parquímetros intentaban poner un poco de orden entre los autos visitantes.

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Postal de 1966 cuando la playa La Herradura, en Chorrillos, tenía arena y un amplio estacionamiento. (Foto: Archivo Histórico El Comercio)

Cambios en los hábitos sociales

Sin embargo, el problema de esa masificación de bañistas, principalmente en la Costa Verde, tomó un cariz de gravedad a partir de la década de 1970. Los malos hábitos de limpieza de los veraneantes que llevaban alimentos y bebidas, cuyos restos desparramaban en la arena, se convirtieron en el dolor de cabeza de las autoridades ediles de estos soleados balnearios.

A ello se agregó el asunto de la escasez de playas de estacionamiento en el litoral, que ya se vislumbraba como grave. En 1977, por ejemplo, la capacidad de la Costa Verde era de 7 mil vehículos debidamente estacionados; pero los fines de semana y feriados, esta cifra entonces ya era insuficiente. Esto provocaba que muchos autos sean llevados al depósito. Solo Agua Dulce tenía un buen espacio para estacionar.

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Las más lindas jóvenes se daban cita en La Herradura. Postal de enero de 1966. (Foto: Archivo Histórico El Comercio)

Otra curiosidad que se vivió a lo largo de las décadas del siglo XX fue el uso de bikinis y tangas. En las playas limeñas, las muchachas usaron estas piezas con empeño, especialmente en los años 70, aunque en la siguiente década, la del 80, se produjo un decaimiento en el uso de las dos piezas y, más bien, ocurrió el florecimiento de la ropa de baño (una sola pieza).

Los que fueron niños y adolescentes, entre fines de los años 70 y comienzos de los años 80, recordarán el famoso tobogán de Agua Dulce, en Chorrillos. Esta impresionante estructura medía 8.50 m.ros de alto y el veraneante podía alcanzar en su recorrido una velocidad de 40 km. por hora. El chapuzón lo justificaba todo.

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El 15 de enero de 1961 se inauguró el servicio de ómnibus desde la Plaza San Martín hasta La Herradura. (Foto: Archivo Histórico El Comercio)

Lima y sus playas, los limeños y sus arenas, rocas y sunset infinitos, permanecerán en el recuerdo de los tantos millones que hemos sido y seremos en esta impredecible ciudad sudamericana.

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