Agustín Lozano, presidente de la FPF. (Foto: GEC)
Agustín Lozano, presidente de la FPF. (Foto: GEC)
Pedro Ortiz Bisso

La alegría del hincha aliancista por el fallo del Tribunal Arbitral del Deporte (TAS) que le permite al club íntimo volver a Primera División no nos debe hacer perder de vista el fondo del asunto: el papelón internacional protagonizado por la Federación Peruana de Fútbol (FPF).

Su manejo del caso, desde el principio, ha sido -por decir lo menos- torpe y el resultado ha supuesto una nueva magulladura a la ya deteriorada reputación de nuestra organización futbolística.

La decisión del TAS ha tenido graves consecuencias. En primer lugar, ha desatado un zafarrancho monumental, pese a que desde la Liga 1 afirmaban tener un plan B en caso Alianza Lima fuera favorecido. Al momento de escribir estas líneas se desconoce si la fecha 2 del torneo –que debía empezar a jugarse mañana- se mantendrá tal como había sido programada. Tampoco se sabe si el torneo se jugará con la misma cantidad de equipos. Lo único que ha señalado la federación, a través de un comunicado, es que respetará el fallo.

La resolución, de otro lado, hiere en lo más hondo al área de Licencias, un sector clave creado con el fin de acabar con la informalidad y el abuso con que suelen manejarse los clubes profesionales. Además de revelar que el Tribunal de Licencias no sancionó adecuadamente a Carlos Stein, el fallo siembra profundas –y peligrosas- dudas sobre la objetividad detrás de sus decisiones.

Álvaro Barco, gerente deportivo de San Martín, un duro crítico del manejo de la actual directiva de la federación, considera que lo ocurrido es apenas una muestra de cómo se desenvolvió el área de Licencias el año pasado. “A través de esto se puede evidenciar todas las irregularidades que han sucedido con este brazo manipulador de Licencias. A pesar de que se flexibilizó el tema por la pandemia, Licencias hizo lo que dio le gana”, declaró en Radio Ovación.

El daño infligido a Alianza Lima es gigantesco. Con el descenso, el club perdió valor como marca e ingresos millonarios por auspicios. Tuvo que reestructurarse y desprenderse de jugadores importantes, algunos con alto valor de reventa, por la reducción de su presupuesto. Además, armó un plantel para jugar la Liga 2, el cual recién empezó a entrenar hace poco más de una semana. Más allá de la algarabía de sus hinchas y directivos por el regreso, su participación será en inferioridad física y futbolística. De todo esto se habló hasta el cansancio desde el 28 de noviembre del año pasado, cuando Alianza cayó con Sport Huancayo y perdió la categoría. Sin embargo, desde la Videna no movieron un dedo.

Si alguien cree que después de esto no se puede caer más hondo, está muy equivocado. El fútbol peruano requiere con urgencia una reestructuración en todos sus niveles, a fin de convertirse en una organización moderna y confiable, dueña de un sistema de justicia y de control interno que actúe con objetividad y en tiempos razonables.

¿Cómo podemos detener este deterioro? La salida del señor Agustín Lozano de la presidencia sería un gran paso. De esa manera, la federación podría empezar a recuperar algo de credibilidad.