(Foto: AFP)
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Redacción EC

Los abogados, profesionales en Derecho, “abogamos” por nuestros clientes. Es nuestra obligación, a eso nos dedicamos. La gestión de intereses (lobby) es una actividad absolutamente legal, regulada por ley, por la cual personas o empresas promueven transparentemente sus puntos de vista en el proceso de la decisión pública para orientarlas en el sentido deseado. Ambas actividades pueden ser parecidas y ambas son necesarias, pues los clientes necesitan alguien que analice el problema, lo pueda explicar y vea si logra convencer de que su posición es una donde todos ganan. Todo esto se hace de forma transparente, con citas públicas, nombres y apellidos tanto del abogado como del cliente, y siempre cuidando explicar de la forma más objetiva y sencilla un problema determinado.

Los abogados, los consultores, los gremios, los colegios profesionales, las ONG y cualquier persona puede acercarse a las autoridades para pedirles que los escuchen y resuelvan algún problema, de ser el caso. Todo ello es gestión de intereses. Para ser un buen gestor de intereses y también un buen abogado, se requiere una habilidad especial para aprender un problema complejo y poder comunicarlo de forma sencilla, presentando una variedad de soluciones al mismo. John F. Kennedy señalaba que los lobbistas son expertos capaces de explicar materias complejas de forma simple y clara de manera que se puedan entender.

Nada de esto tiene que ver con corrupción. El corrupto es aquel que usa maneras ilícitas para lograr un objetivo. Entrega dinero, paga coimas e intercambia favores. Todos los corruptos deben ser juzgados y se les debe aplicar la ley. Ellos no gestionan intereses ni abogan por sus clientes. Ellos son delincuentes.

En el Perú, algunos confunden corrupción y delincuencia con gestión de intereses. Otros aprovechan esa confusión para tapar grandes delitos intentando poner en el mismo saco al corrupto que al lobbista. Por eso hay quienes piensan que decir lobbista es casi decir delincuente. Nada más lejos de la verdad.

El Estado ha contratado y pagado millones en lobbistas y lo seguirá haciendo si lo necesita. Cuando hubo que negociar los distintos temas en el TLC con EE.UU., se tomó contacto con los lobbistas de los distintos capítulos, quienes fueron indispensables para conseguir el tratado.

En el Perú hubo una mala ley que definía la gestión de intereses de manera muy amplia, exigía un registro inútil y obligaba a declarar cuánto se cobraba por cada gestión. Esta ley ha sido modificada buscando la transparencia a partir de una anotación clara de las visitas a los funcionarios públicos, el tema por tratar y a quién se representa. No hay nada de malo en gestionar intereses, el problema es cuando en esta actividad, como en cualquier otra, se delinque.
Hoy decir lobbista es insultar. Eso es absurdo: el lobby es necesario para comunicar problemas complejos, dar opiniones y que las autoridades puedan formarse la opinión que quieran, incluso escuchando a expertos.

Es hora de que los que quieren confundir e insultar dejen de escudarse en la supuesta connotación negativa del lobby.

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