Los resultados de PISA 2025, evaluación internacional de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que mide las competencias de estudiantes de 15 años, muestran un retroceso del Perú en dos de las tres áreas evaluadas. En Matemática, el país obtuvo 382 puntos, nueve menos que en 2022. En Lectura, alcanzó 390 puntos, 18 menos. En Ciencias, en cambio, registró 406 puntos, apenas dos menos que en la evaluación anterior. La OCDE precisa que la variación en Ciencias no es estadísticamente significativa.
La caída adquiere mayor dimensión cuando se revisa la trayectoria del país. En 2015, el Perú obtuvo 387 puntos en Matemática, 398 en Lectura y 397 en Ciencias. Tres años después, en 2018, alcanzó 400, 401 y 404 puntos, respectivamente. En 2022, Matemática llegó a 391 puntos, mientras que Lectura y Ciencias alcanzaron 408 puntos.
Con la medición de 2025, el país no solo perdió parte de ese avance reciente. También quedó nuevamente por debajo de los resultados de 2015 en Matemática y Lectura, cinco puntos menos en Matemática y ocho menos en Lectura. Ciencias constituye la excepción, pues su resultado de 406 puntos es nueve puntos, superior al de 2015.
La OCDE advierte, además, que las caídas recientes deben analizarse dentro de una tendencia más amplia. El deterioro del rendimiento no comenzó únicamente con la pandemia. El informe identifica cambios que ya se observaban antes de 2020 y señala que los resultados actuales forman parte de una transformación más prolongada de los aprendizajes y de los hábitos de los estudiantes.
La distancia con la OCDE sigue siendo amplia
El problema no está únicamente en la caída respecto de la medición anterior. Los resultados también muestran una brecha considerable frente al promedio de los países de la OCDE.
En Matemática, el Perú obtuvo 382 puntos frente a 463 de promedio OCDE, una diferencia de 81 puntos. En Lectura, la distancia es de 71 puntos: 390 frente a 461. En Ciencias, el Perú alcanzó 406 puntos, mientras que el promedio OCDE fue de 482, una brecha de 76 puntos. La OCDE reporta que sus propios promedios también han retrocedido en la última década ya que, entre 2015 y 2025, el promedio cayó de 485 a 463 en Matemática, de 489 a 461 en Lectura y de 489 a 482 en Ciencias.
Es decir, el retroceso peruano ocurre en un escenario internacional en el que también se han deteriorado los aprendizajes. Sin embargo, el punto de partida del país sigue siendo considerablemente más bajo.
León Trahtemberg, educador, plantea que los resultados deben ser leídos con cautela y que no deben confundirse los aprendizajes que mide PISA con todo aquello que debería comprender una educación de calidad en el siglo XXI. Para el especialista, una prueba estandarizada puede entregar información relevante sobre determinadas competencias, pero no necesariamente captura capacidades como la creatividad, la autonomía, la resiliencia, el trabajo colaborativo o la capacidad de formular preguntas nuevas.
“Hay un riesgo de confundir lo que PISA puede medir con aquello que la educación debe considerar más importante”, sostiene Trahtemberg para El Comercio.
El educador considera que el debate debería ir más allá de la posición que ocupa el país en el ranking internacional. A su juicio, la educación también debe incorporar dimensiones como el bienestar socioemocional, el pensamiento crítico, la creatividad y la capacidad de innovar.
Siete de cada diez estudiantes no alcanzan el nivel básico en matemática
La distancia se hace visible cuando se observa el nivel de desempeño de los estudiantes. El nivel 2 es considerado por PISA como el umbral básico de competencia.
En el caso peruano, solo alrededor del 30% de los estudiantes alcanza el nivel 2 o superior en Matemática. Esto significa que cerca de siete de cada diez estudiantes se encuentran por debajo de ese umbral. En Lectura, el porcentaje que alcanza al menos el nivel 2 es de aproximadamente 42%, mientras que en Ciencias llega a 47%.
La comparación con la OCDE muestra nuevamente una diferencia importante. Alrededor de 65% de sus estudiantes alcanza el nivel 2 o superior en Matemática, 69% en Lectura y 74% en Ciencias.
La propia OCDE explica que quienes se encuentran por debajo de ese umbral tienen dificultades con tareas fundamentales. En Matemática, por ejemplo, pueden presentar problemas para interpretar relaciones sencillas entre unidades y precios; en Lectura, para comprender textos simples; y en Ciencias, para interpretar datos básicos o identificar evidencia en un gráfico.
Para Hernán Ocampo, especialista en neuroeducación y aprendizaje, esta situación no debe interpretarse como una menor capacidad intelectual de los estudiantes peruanos.
“Esto no significa que los estudiantes peruanos sean menos inteligentes. Lo que termina retrocediendo es el desempeño a nivel estadístico de promedio del sistema educativo peruano”, explica.
Ocampo considera que el resultado evidencia, más bien, que los aprendizajes fundamentales no han terminado de consolidarse.
“No terminamos de lograr consolidar suficientemente los aprendizajes fundamentales”, señala.
Una base débil dificulta llegar al pensamiento complejo
El problema adquiere otra dimensión cuando se observa qué significa llegar a la adolescencia sin haber consolidado competencias básicas.
Ocampo explica que durante la adolescencia ocurren cambios neurobiológicos que pueden influir en los procesos emocionales y sociales. Si a ello se suma una base débil en capacidades como la fluidez lectora, el vocabulario o el sentido numérico, el estudiante enfrenta mayores dificultades para construir aprendizajes de mayor complejidad.
“No se va a poder construir, por ejemplo, pensamiento complejo porque efectivamente esos aprendizajes básicos todavía son frágiles”, sostiene.
Su lectura coincide con uno de los principios que recoge el informe de la OCDE, los sistemas educativos necesitan concentrarse en aprendizajes fundamentales y favorecer la profundidad antes que la amplitud de contenidos. El organismo plantea que currículo, enseñanza y evaluación deben reforzarse entre sí y que las aulas deben reducir distracciones digitales innecesarias.
La dimensión del problema tampoco puede separarse de las desigualdades sociales. El informe de PISA muestra que el nivel socioeconómico mantiene una relación importante con el desempeño académico y que, en promedio entre los países de la OCDE, una diferencia de una unidad en el índice socioeconómico se asocia con una diferencia de 36 puntos en Ciencias, 32 en Lectura y 35 en Matemática.
Lectura: más información, pero menos tiempo para concentrarse
La caída de 18 puntos en Lectura es particularmente relevante porque ocurre en un contexto en el que los hábitos de lectura de los adolescentes están cambiando.
El informe de la OCDE recuerda que PISA 2018 ya había encontrado un aumento en la proporción de estudiantes que señalaban que leían únicamente cuando tenían que hacerlo y disminuyó el disfrute de la lectura. También se redujo la lectura de libros de ficción, revistas y periódicos impresos, mientras aumentaba el contacto con textos a través de actividades digitales, como buscar información, conversar y leer noticias en línea.
El informe también encuentra que quienes leen ficción y textos más extensos para la escuela obtuvieron mejores resultados en Lectura en PISA 2018, incluso después de considerar el perfil socioeconómico de estudiantes y escuelas. Del mismo modo, quienes leían libros principalmente en papel tendían a obtener mejores resultados que quienes lo hacían principalmente en dispositivos digitales o rara vez leían libros.
Para Ocampo, el cambio en los hábitos digitales puede estar afectando la capacidad de sostener la atención durante períodos prolongados.
“Los niveles de atención, el foco atencional del ser humano, y en especial de los estudiantes, de los niños y adolescentes, es cada vez menor”, afirma.
El especialista pone como ejemplo el consumo habitual de videos breves y redes sociales, que, según su interpretación, puede acostumbrar al estudiante a estímulos de corta duración.
“La lectura necesita un espacio adecuado para concentrarse”, sostiene.
Durante su entrevista con El Comercio, Ocampo agrega que el problema no sería únicamente cuánto contenido consume un adolescente, sino cómo lo procesa, pues una sucesión de estímulos breves no necesariamente desarrolla las mismas capacidades que exige la lectura prolongada, la comprensión de un texto complejo o el análisis crítico de una información.
La inteligencia artificial abre otro frente para el aprendizaje
La tecnología aparece como otro de los elementos que el informe y los especialistas consideran necesario discutir. La OCDE señala que, frente a la expansión de la inteligencia artificial, su uso educativo debería orientarse hacia herramientas que proporcionen retroalimentación y práctica personalizada, pero sin reemplazar el esfuerzo cognitivo del estudiante. “La comprensión real proviene de hacer el pensamiento, no de dejar que una herramienta lo haga”, plantea el organismo.
Ocampo considera que este punto es especialmente importante. A su juicio, el problema no es la existencia de la tecnología, sino convertirla en sustituto del proceso de aprendizaje.
“El abuso de IA no permite el desarrollo adecuado de los procesos cognitivos y de las competencias necesarias tanto a nivel de comprensión lectora como a nivel de razonamiento matemático”, señala.
Su planteamiento coincide parcialmente con la recomendación de la OCDE al indicar que la inteligencia artificial puede incorporarse al aula, pero debe sumar al esfuerzo intelectual del estudiante y no reemplazarlo.
La mentalidad de crecimiento como una pieza del aprendizaje
PISA 2025 también incorpora variables vinculadas con las actitudes de los estudiantes frente al aprendizaje. Entre ellas aparece la llamada ‘mentalidad de crecimiento’, concepto desarrollado por la psicóloga estadounidense Carol Dweck, que parte de la idea de que las capacidades pueden desarrollarse mediante el esfuerzo y el aprendizaje.
Ocampo, durante su entrevista con El Comercio considera que esta dimensión puede ser relevante para comprender cómo enfrentan los estudiantes las dificultades.
“La mentalidad de crecimiento es esta creencia de que la inteligencia se puede desarrollar justamente mediante el esfuerzo”, explica.
El especialista plantea que esta disposición debe acompañarse con retroalimentación de los docentes y de las familias, además de una cultura escolar que permita entender el error como parte del proceso.
“Deberíamos seguir fomentando en los estudiantes (...) una sana cultura del error”, sostiene.
La propuesta no implica, para Ocampo, convertir la neuroeducación en una solución automática. El especialista advierte que no existe una única causa para explicar los resultados ni una receta que pueda revertirlos de inmediato.
¿Qué debe cambiar en las aulas?
Para Ocampo, la respuesta no pasa únicamente por aumentar contenidos o exigir más horas de estudio. El aprendizaje, sostiene, debe entenderse como un proceso integral que involucra múltiples factores.
Una de las metodologías que propone recuperar es el aprendizaje basado en juegos, especialmente durante la adolescencia. Según su planteamiento, este tipo de estrategia puede activar mecanismos relacionados con la memoria, las emociones, la sorpresa y el trabajo colaborativo.
“Entendiendo el funcionamiento del cerebro se puede generar y diseñar mejores estrategias de aprendizaje”, afirma.
La OCDE plantea una orientación similar en cuanto a la necesidad de priorizar aprendizajes fundamentales, fortalecer las capacidades pedagógicas de los docentes, mantener a los estudiantes comprometidos y reducir las distracciones digitales durante las clases. También recomienda que los recursos se asignen de acuerdo con las necesidades de los estudiantes y las escuelas, especialmente en contextos desfavorecidos.
Trahtemberg, desde otra perspectiva, considera que también se necesita otorgar mayor autonomía a las escuelas.
“La educación daría un salto espectacular si se desburocratizara, se desregulara y confiara en directores y profesores para que tengan la autonomía necesaria para innovar”, sostuvo para El Comercio.