Víctor Hugo Vieyra: el retorno de un hombre de escena
Víctor Hugo Vieyra: el retorno de un hombre de escena
Redacción EC

FERNANDO VIVAS ()

Tenía de él el vago recuerdo de un galán importado por Delgado Parker. Genaro solía ir a Buenos Aires y contrataba actores de buena pinta. Les pedía neutralizar el dejo y, si no funcionaban, le quedaba el recurso de pedir a los guionistas que asesinaran al personaje. Pero Osvaldo. Attilia Boschetti, su coprotagonista en “Todos eran mis hijos”, de Arthur Miller, me lo presenta y converso con él de su vuelta a Lima. En un momento, se le van los ojos. Pilar Brescia, la ‘trampa’ con quien hace 30 años engañó a su esposa Gloria María Ureta en “Páginas de la vida”, se acerca a saludarlo. Víctor Hugo se siente en casa.

El teatro peruano goza de buena salud y puede pagar una temporada a un actor argentino importante. ¿Eso explica tu presencia o hay razones afectivas?
Hay razones afectivas y diversas. Quien se conectó conmigo fue Carlos Tolentino, a quien conozco desde hace 30 años, cuando vine a actuar en “Páginas de la vida” y él era el director.

¿Cómo te enrolaron esa vez?
Tuve una entrevista con Genaro Delgado Parker en Buenos Aires. Yo tenía mis dudas porque no es tan sencillo dejar tu trabajo, tu familia. Primero fueron tres meses y luego querían que me quedara. La idea era que fuese una novela que continuara en el tiempo, algo que no se hacía en América Latina. Pero yo quería irme, estaba recién casado con una mujer joven, Claudia Rucci. Era actriz y quisieron ponerla en la novela, pero ella prefería irse.

¿Siguen casados?
Ya no. Tenemos dos hijos. Y ya no es actriz, es diputada opositora, entró con Eduardo Duhalde [candidato que perdió ante Cristina Fernández].

¿Y coincides con ella?
No, simpatizo con el régimen.

En “Páginas de la vida”, tu pareja era Gloria María Ureta.
Tenía dos, yo estaba casado con Gloria María y había un triángulo con la joven Pilar Brescia.

Tuviste que reprimir tu acento
Sí, eso es una traba. Uno se siente como fuera de la música. Recuerdo que cuando me entrevisté con Delgado Parker, le hablé del lenguaje y me dijo: "Pero si nosotros hablamos igual".

Lo importante es que te convenció y tuviste una experiencia peruana que ahora repites.
Hay algo más. A mí me agarró Lima, me prendió. Tuve una segunda corta experiencia, con una obra de dos personajes, “008 se va con la murga” junto a Marta González. Marta se reía y me decía: "Tú quieres conquistar al Perú".

Y ahora has vuelto con todas las de la ley, dos meses de ensayo.
Y nada menos que para “Todos eran mis hijos” (“All My Sons”), que forma parte del monumento teatral de América. Me encantan los clásicos del teatro norteamericano. Hice “El zoo de cristal”, de Williams, y me conmovió tanto, hasta ahora lo recuerdo [se quiebra]. Yo lloraba con la escena final, cuando Tom cierra la obra con una sensibilidad que se da pocas veces.

¿La sensibilidad de Williams la encuentras también en Miller?
Miller tiene otra cosa, se mete más con el hombre en función de la sociedad en la que vive, mientras que Williams se mete más en los ‘pobrecitos seres humanos’.

En los 80, eras una figura popular en la TV. ¿Eres de esos actores que sienten que en la TV  viven un tiempo prestado hasta que vuelven al teatro?
En alguna medida lo experimenté. Pero tengo una cualidad: soy obsesivo con mi trabajo; entonces, si hago una telenovela es como si estuviera haciendo Armando Discépolo o Shakespeare. A veces me han dicho: "Ya, chango, dejáte de joder, esto es televisión" [aunque es de Córdoba, en el centro de Argentina, le dicen chango, apelativo de los norteños].

En la TV trabajaste con estrellas como Amelia Bence. Me contaste una anécdota con ella.
No, cómo la voy a contar, ella ha sido esposa de Cattone.

Osvaldo cuenta barbaridades
[Risas] Estaba haciendo una serie con ella, acabábamos de ensayar la escena y antes de grabar, me dijo: "Correte, que quiero que se me vean los ojos". Sus ojos eran muy famosos y muy hermosos, por cierto. Y no me pidió por favor, ah, me lo dijo como una orden.

¡Eso es una diva! ¿Cuáles son tus colegas de cabecera?
Respeto mucho a Alfredo Alcón.

¿Héctor Alterio, Federico Luppi?
He trabajado con los dos. Héctor ha hecho cosas que han demostrado que es un buen actor. Luppi en un momento fue lo mejor que dio la actuación argentina en el cine. En “Tiempo de revancha” es fantástico.

¿Y tus actores de cabecera en el mundo?
Amo a los ingleses, Peter O’Toole está allá arriba. Y amo a los italianos.

¿Gassman o Mastroianni?
Amo a los dos porque son distintos. En “La familia”, de Scola, Gassman está bárbaro, conmovedor, parece Mastroianni.

¿Eres de un  método específico?
Estoy abierto a todos los métodos. En realidad, trabajo con lo que para mí es fundamental: el instrumento. Hablo de la parte interior. ¿Cómo hago yo para transmitir a la gente? Admiro lo que dice Juan Carlos Gené: En el texto está lo importante para el actor. De ahí, a trabajar con los sentidos, con la percepción del actor, que debe tener el instrumento interior afinado para percibir, para que la sensibilidad genere lo que tiene que generar. Y hay que ejercitarse. Yo desde que me levanto, hago ejercicios de respiración. A veces, los hago cuando estoy solo, en medio de la gente.

Te vi hacerlo en la cafetería.
Es parte de lo obsesivo en mí [ríe]. Pero así tengo un instrumento sano. Y para complementar los métodos, pues enriquecer el ser humano.

¿Y la edad enriquece al actor para que pueda hacer grandes papeles?
Es relativo. “El gran deschave” es una gran obra argentina y tiene un gran papel. Lo hizo Luppi y luego me tocó hacerlo a mí, y era muy joven para ese papel.

Una pregunta final. ¿Crees que hay algunas condiciones que hacen de Argentina un país más histriónico que otros, que el Perú, por ejemplo?
Puede ser. Lo he pensado varias veces. Creo que tenemos dos influencias fundamentales, por un lado los españoles, por otro los italianos. No sé cuál influencia es mayor.

Si comparamos con otros países hispanos que no tenemos tan buenos actores como ustedes, entonces debe ser la italiana.
Yo tengo ascendencia italiana, mi apellido materno es Bucci, de la misma zona de Rimini, donde nació Attilia Boschetti. Pero no me atrevo a decir que el pueblo chileno u otros sean menos histriónicos que nosotros. Lo que sí puedo decir es que los peruanos son más solemnes.

Y esa solemnidad puede reprimir el instrumento
A eso voy. Esa solemnidad puede ser que los coarte, que los envuelva en algo que impida expresarse. Y lo digo yo, que soy charlatán gracias al teatro, antes ni hablaba.

No he visto divas más histriónicas que algunas argentinas, por ejemplo, Luisa Kuliok.
¡Ah, Luisa! Ella no dice "correte".

Te empuja de frente.
[Risas]. He trabajado con ella. Es una diva y juega de diva. La conocí cuando yo era protagonista y ella era una piba casi humildita, buscando trabajo. Ahora se lleva el mundo por delante. Tremendo laburo este.

EL DATO

Victor Hugo Vieyra será parte de la obra "Todos eran mis hijos", que se estrena el 26 de abril en el Teatro Británico de Miraflores.