
Elegir el protector solar adecuado para la familia puede parecer complicado, sobre todo cuando hay opciones para bebés, niños y adultos; sin embargo, los expertos aseguran que no siempre es necesario usar fórmulas distintas para cada edad. En realidad, lo más importante es fijarse en el tipo de filtro solar que contiene el producto y en las características de la piel de cada persona.
El medio HuffPost señala que, en EE. UU. existen tres tipos principales de protectores solares: físicos, químicos y combinados. Los físicos, también llamados minerales, actúan creando una barrera sobre la piel que bloquea los rayos UV. Según la dermatóloga Michele Green, suelen contener óxido de zinc o dióxido de titanio y comienzan a proteger de inmediato tras su aplicación. Muchos protectores para niños y bebés pertenecen a esta categoría.
Por otro lado, los filtros químicos se absorben en la piel y transforman los rayos UV en calor. Son populares entre los adultos por su textura ligera y su acabado invisible, ideal para usarlos debajo del maquillaje. También existen fórmulas combinadas que mezclan ambos tipos de filtros para ofrecer una protección equilibrada.

En cuanto a quién puede usar qué, Green explica que los adultos pueden utilizar sin problema fórmulas diseñadas para bebés o niños. De hecho, estas opciones suelen ser más suaves y no contienen fragancias ni alcohol, por lo que son recomendables para personas con piel sensible, rosácea o eczema. En algunos casos, incluso pueden resultar más económicas.
Un ejemplo es la comparación entre dos productos similares de Coppertone: la versión infantil cuesta menos que la de adultos, pero ofrece el mismo nivel de protección. La profesora Gabriella Baki explica que un SPF 30 para bebés protege igual que un SPF 30 para adultos, ya que todos se miden bajo los mismos estándares. La diferencia está en los ingredientes secundarios, como la textura o el acabado sobre la piel.
No obstante, el uso de protectores solares para adultos en niños pequeños no siempre es recomendable. Green advierte que la piel de los bebés es más fina y propensa a la irritación, por lo que se prefiere el uso de protectores minerales que no se absorban y eviten reacciones adversas.

Aunque las etiquetas indiquen “baby”, “kids” o “sport”, estas categorías no están reguladas por la FDA. Es decir, se trata más de una estrategia de marketing que de una diferencia en la eficacia del producto. Algunos protectores solares infantiles y para adultos tienen listas de ingredientes prácticamente idénticas, aunque pueden variar en la presentación o en pruebas específicas de seguridad.
Al final, lo más importante es elegir un protector solar con al menos SPF 30 y protección de amplio espectro, independientemente de si está etiquetado para niños o adultos.
Como recuerda la química cosmética Leanne King, lo más importante es reaplicar con frecuencia, sobre todo al estar al aire libre o en contacto con el agua. Y si el presupuesto es un problema, las fórmulas para niños pueden ser una alternativa eficaz y más accesible.

Cómo aplicar el protector solar correctamente
Para aplicar el protector solar correctamente según Isdin, el primer paso es hacerlo sobre la piel limpia y seca, al menos 30 minutos antes de la exposición al sol. Esto permite que el producto se absorba bien y forme una barrera protectora efectiva. La marca destaca la importancia de usar una cantidad generosa del producto, no escatimar, ya que aplicar menos de lo recomendado reduce significativamente el nivel de protección.
Aplica el protector solar de manera uniforme por todas las áreas expuestas al sol. Esto incluye no solo el rostro, sino también las orejas, el cuello, el escote, los brazos y las piernas. Extiende el producto suavemente hasta que se absorba por completo. En zonas especialmente sensibles o con mayor exposición, como la nariz o los hombros, puedes aplicar una capa adicional.
Finalmente, la reaplicación es fundamental para mantener la protección. Isdin recomienda volver a aplicar el protector solar cada dos horas, o con mayor frecuencia si sudas mucho, después de nadar o tras secarte con una toalla. Recuerda que, aunque algunos productos sean resistentes al agua, su efectividad disminuye con el tiempo y la exposición continua.
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