
La mayoría de nosotros nos hemos despertado con una noticia que, aunque sabíamos que podía llegar en cualquier momento, no deja de sorprender y hasta doler: el Papa Francisco falleció esta mañana del lunes 21 de abril, a las 7:35 am, hora local del Vaticano. Tenía 88 años. Y aunque no se ha revelado una causa oficial de muerte, todos sabíamos que su salud venía en picada desde hace ya varios meses. Lo veíamos más frágil, más callado, pero con esa misma mirada serena de siempre.
La última vez que se lo vio en público fue apenas ayer, en un gesto que hoy cobra un significado mucho más profundo. El Papa Francisco apareció por última vez ante los fieles en la Plaza de San Pedro en pleno Domingo de Pascua. Se lo vio débil, sí, pero presente. Sentado en una silla, saludó a miles que coreaban “¡Viva il Papa!” sin saber que era la despedida.
Lo cierto es que, desde principios de este año, Francisco venía atravesando una crisis de salud que preocupó muchísimo dentro y fuera del Vaticano. Bronquitis, neumonía, hospitalizaciones, tratamientos intensivos… Todo eso, sumado a su avanzada edad, fue encendiendo alarmas. Acá te cuento, paso a paso, cómo fueron esos últimos meses.

LOS ÚLTIMOS MESES CON VIDA DEL PAPA FRANCISCO
6 de febrero: Bronquitis y primeras señales de alerta
Todo comenzó con un anuncio del Vaticano que, en su momento, pasó un poco desapercibido. El 6 de febrero, se informó que el Papa tenía bronquitis. Para entonces ya había cancelado varios eventos importantes y, según personas cercanas, le costaba respirar y hasta hablar con normalidad. Fue ahí cuando muchos empezamos a sospechar que algo más serio se venía.
14 de febrero: Hospitalización y diagnóstico grave
Ocho días después, las cosas se pusieron realmente críticas. El Papa fue ingresado a un hospital en Roma. Cuatro días más tarde, le diagnosticaron una neumonía bilateral, una condición bastante delicada, especialmente para alguien de su edad. A partir de ahí, todo cambió: se suspendieron compromisos, se reforzó su equipo médico y se limitó el acceso a su entorno.
28 de febrero: La noche más difícil
El 28 de febrero, según su equipo médico, Francisco vivió su “peor noche” en el hospital. Sufrió varios episodios de insuficiencia respiratoria aguda, tuvo que someterse a broncoscopias y le diagnosticaron una infección polimicrobiana e insuficiencia renal leve. Fue tan crítica la situación que los doctores incluso consideraron dejar de intervenir para permitirle una muerte en paz. Fue un momento muy fuerte.
23 de marzo: Regreso al Vaticano y una esperanza breve
Después de 38 días internado, el Papa fue dado de alta el 23 de marzo. Volvió a su residencia en la Casa Santa Marta. Salió en silla de ruedas, apareció brevemente en un balcón, y con una sonrisa cansada bendijo a las 3,000 personas que lo esperaban afuera. Ese gesto, aunque breve, nos dio un poquito de esperanza. El Vaticano incluso dijo que estaba “mejorando”.
20 de abril: La última bendición
El Domingo de Pascua, como lo hizo tantas veces, salió al balcón. Esta vez, lo hizo totalmente asistido. Desde allí con pocas fuerzas, bendijo a los presentes, quienes se emocionaron al verlo, sin imaginarse que en realidad se trataba de una despedida que duele en los fieles católicos del mundo entero.
21 de abril: El adiós definitivo
A las 7:35 de la mañana (hora local), el corazón del Papa Francisco se detuvo. El anuncio lo dio el cardenal Kevin Farrell, y en cuestión de minutos, las campanas comenzaron a sonar y la Plaza de San Pedro se llenó de fieles. Algunos lloraban, otros simplemente guardaban silencio. La figura de Francisco, el primer Papa latinoamericano, quedará grabada en la historia y en el corazón de millones.












