Los empleados trabajan entre ataúdes, algunos marcados con "riesgo de infección", mientras que otros tienen "corona" garabateada con tiza, en la sala de duelo del crematorio en Meissen, en el este de Alemania. (Foto de JENS SCHLUETER / AFP).
Los empleados trabajan entre ataúdes, algunos marcados con "riesgo de infección", mientras que otros tienen "corona" garabateada con tiza, en la sala de duelo del crematorio en Meissen, en el este de Alemania. (Foto de JENS SCHLUETER / AFP).
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Algunos féretros del crematorio de Meissen tienen la mención “riesgo de infección”, en otros se ha escrito la palabra “corona” y muchos llevan también el mensaje “sin servicio mortuorio”.

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En este establecimiento funerario de esta ciudad del este de hay hasta tres ataúdes unos encima de otros en las filas de la sala reservada habitualmente al recogimiento de los familiares y allegados. Otros féretros aguardan en los pasillos su turno para ser incinerados.

Meissen, situada en la exRDA (República Democrática de Alemania), registra un aumento dramático de muertos, víctimas del covid-19.

Sajonia, donde se encuentra Meissen, es una de las regiones más golpeadas por la pandemia actualmente, después de haberse librado, relativamente, de la primera ola en la primavera pasada.

En tres décadas, Jörg Schaldach, director de este crematorio, nunca había visto tantos muertos en un periodo tan prolongado.

“Esto empezó a mediados de noviembre. Las cifras no paran de aumentar”, dice a la AFP. “El problema es que las cámaras frías funerarias están llenas. Estamos en estado de catástrofe”, asegura. La dirección no ha tenido más alternativa que utilizar la sala de ceremonias y recogimiento para depositar féretros.

Los ataúdes se apilan antes de la cremación en el crematorio de Meissen. (Foto de JENS SCHLUETER / AFP).
Los ataúdes se apilan antes de la cremación en el crematorio de Meissen. (Foto de JENS SCHLUETER / AFP).

Atasco

Los bancos y las sillas en los que normalmente se sientan los familiares y allegados han sido retirados al fondo de la pieza para hacer sitio a las filas de féretros de madera. Muchos están envueltos en una película de plástico transparente para sellar por segunda vez los de las víctimas del nuevo coronavirus.

“Actualmente, recibimos 400 (féretros) en una semana para incinerarlos”, dos veces más que el número habitual en invierno, según Schaldach.

Empleado en una morgue, Matthias Möbius espera desde hace una hora en el estacionamiento la luz verde para descargar un féretro.

“Normalmente lleva 15 minutos. Llegamos, descargamos, vamos a la oficina para arreglar los papeles, y ya está”, explica. “Hoy, tardamos más bien una hora y media”.

Detrás de él, otros tres vehículos funerarios esperan su turno.

Möbius asegura que en veinte años de carrera, este invierno es “de lejos” donde hay más trabajo.

Por ello, el crematorio de Meissen trabaja ahora las 24 horas, los siete días a la semana con dos hornos y 60 cremaciones diarias.

Un ataúd con el aviso de "Riesgo de infección" entra al horno del crematorio en Meissen. (Foto de JENS SCHLUETER / AFP).
Un ataúd con el aviso de "Riesgo de infección" entra al horno del crematorio en Meissen. (Foto de JENS SCHLUETER / AFP).

Horas extra

El personal realiza horas extra y también trabaja los fines de semana. Incluso han tenido que recurrir a jubilados para que echen una mano.

Ingo Thöring, de 76 años, antiguo empleado, es uno de ellos pese a que por su edad pertenece a la población de riesgo.

Acompaña a los médicos forenses para verificar la identidad de los muertos y determinar si hay entre ellos casos sospechosos.

No se puede permitir ceder al miedo de contagiarse. “No sirve de nada para el trabajo”. De todas formas “a mi edad ya no temo nada”, recuerda.

Pese al cierre de todos los comercios no esenciales, escuelas, recintos deportivos y culturales, la segunda ola de la epidemia ha golpeado mucho más duramente a Alemania que la primera.

El país más poblado de la Unión Europea superó los dos millones de casos de covid-19, con 22.368 contagios y 1.113 muertos en las últimas 24 horas, anunció el viernes el Instituto Robert Koch (RKI).

En las regiones más golpeadas, los crematorios también están a tope.

La ciudad de Dresde anunció el miércoles que un edificio que se utiliza habitualmente para almacenar material de protección contra las inundaciones iba a ser reconvertido temporalmente en cámara mortuoria.

En Nuremberg, en Baviera, se han habilitado contenedores que permiten conservar los féretros refrigerados.

Y en República Checa, vecina de Sajonia, el gobierno ha decidido que no aceptará más cuerpos “importados” para ser incinerados.

Para el director del crematorio de Meissen, las autoridades alemanas deberían haber adoptado restricciones más contundentes mucho antes.

Y arremete contra los opositores al confinamiento que se reunieron en una manifestación masiva en noviembre en la ciudad vecina de Leipzig.

“Me gustaría decirle a los escépticos que vengan y nos ayuden a transportar féretros (...) Hemos desplazado 750 toneladas de muertos”, lamenta. “Algunos piensan que todo esto es la escena de una película rodada durante el verano. Todos los que niegan el coronavirus (...) pueden venir a tocar todo esto ellos mismos”.

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