Copas en Sudamérica: de la bonanza a la protesta
Copas en Sudamérica: de la bonanza a la protesta
Redacción EC

Escribe Francisco Sánz (@frasan71)

Entre paros y protestas de los ciudadanos y reclamos de la FIFA, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, ha tenido que lidiar con un panorama complejo en víspera de este Mundial. ¿Qué pasó las cuatro veces anteriores que Sudamérica lo organizó? 

1. Uruguay 1930
En pleno festejo por los 100 años de su independencia y con la construcción del grandioso estadio Centenario, Uruguay – ya conocido como la Suiza de América – organizó el primer Mundial con una oferta irresistible: correr con los gastos de viaje y estadía de las delegaciones extranjeras. El Parlamento aprobó un presupuesto extra y el presidente Juan Campisteguy apoyó de lleno el torneo. Su única gran preocupación fue moderar la pugna con la vecina Argentina. 

2. Brasil 1950
Con Europa en escombros tras la Segunda Guerra Mundial, no fue una sorpresa que el Congreso FIFA de 1946 escogiera a Brasil como sede. El mundo se topó con un país en el cual el mandatario Eurico Gaspar Dutra había decretado la ilegalidad del Partido Comunista e iniciado una feroz represión contra los movimientos sindicales. Igualmente, tras suspender sus relaciones diplomáticas con la URSS, el gigante sudamericano empezaba su acercamiento a EE.UU.

3. Chile 1962
Le ganó la pulseada a Argentina para organizar el certamen con un lema que se ha vuelto inmortal: “Porque nada tenemos, lo haremos todo”. Su autor, Carlos Dittborn, murió un mes antes de verlo realidad. El violento terremoto de 1960 arrasó con varias ciudades del sur y afectó seriamente los planes de modernización e infraestructura emprendidos. Con ello, y con la desconfianza de los europeos, tuvo que lidiar el régimen de Jorge Alessandri para salir airoso.  

4. Argentina 1978
Salvo el de Benito Mussolini en la década del 30, no hubo régimen político que aprovechara más una Copa del Mundo que el de Jorge Rafael Videla. Cuando empezó el torneo, llevaba dos años como presidente de facto y ya se habían esparcido denuncias de desapariciones de estudiantes y raptos de bebes. Solo el fútbol podía desviar la atención. Los holandeses no lo olvidaron y, tras perder la final, no recibieron la medalla de plata para evitar saludar al dictador.