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Pink Floyd en el Congreso, por Javier Díaz-Albertini

“Debemos pasar del ‘no necesitamos’ de la congresista Salazar a un ‘requerimos más y mejor’”.

Javier Díaz-Albertini Sociólogo y profesor de la Universidad de Lima

Pinillos

“¿Qué otras cosas –además de los profesores– no necesitamos?”. (Ilustración: Rolando Pinillos Romero).

Hace poco la congresista Milagros Salazar afirmó que “el texto escolar es importantísimo porque con eso no necesitamos un profesor”. Su argumento es que muchos han avanzado como ciudadanos y profesionales contando con el apoyo del texto, dando a entender que el docente es prescindible. Con este tipo de opinión, se podría invocar a los profesores a que –como demandaba Pink Floyd en “The Wall”– “¡dejen a los niños en paz!”.

Al parecer, para algunos, la solución a los problemas del país es desaparecer lo poco que queda de institucionalidad pública y que, en su lugar, sea reemplazado por iniciativas privadas con poca o nula regulación. Hecho que casi siempre, al final, se traduce en una afectación de los derechos ciudadanos. No debe extrañar que esta misma congresista quiera investigar a la Sunedu, justo cuando esta institución está logrando el cierre definitivo de centros educativos estafadores. Por coincidencia, ella dicta en una universidad, y en el pasado en otras dos, que tienen o han tenido dificultades en lograr el licenciamiento. Asimismo, como presidenta de la Comisión de Educación, le ha hecho el juego a sectores que quieren imponer dogmas religiosos particulares por encima de derechos sociales ya conquistados y consagrados.

Llevando esta perspectiva a sus naturales (y exageradas) consecuencias, podríamos deshacernos de toda una serie de otros oficios e instituciones “superfluas”. Veamos, siguiendo el compás de “Another Brick in the Wall”, ¿qué otras cosas –además de los profesores– no necesitamos?

No necesitamos instituciones educativas reales, basta con las virtuales o –mejor aun– imaginarias. Algunos congresistas han mostrado llegar muy lejos con compañeros fantasiosos, notas inventadas y certificados fingidos. El éxito de muchos promotores educativos se ha construido sobre edificios-maquetas, aulas sobrepobladas, profesores subremunerados y egresados con poca empleabilidad.

No necesitamos policías, fiscalías o juzgados. En su lugar, tenemos la propuesta de ‘chapa tu choro’. Ya empezamos a tomar acciones en este sentido. Primero, enrejando ilegalmente nuestras urbanizaciones. Segundo, controlando a los que deambulan por nuestro barrio sin importar su derecho al libre tránsito. Tercero, gracias a propuestas como la del congresista Tubino de “defensa domiciliaria”, podremos defendernos con nuestras armas de fuego sin temor a acciones penales.

No necesitamos arquitectos, ingenieros civiles o urbanistas. Con un maestro de obra y un alcalde populista, solucionamos el problema de vivienda. Empezamos todo con agentes inmobiliarios populares –mal llamados por la prensa “traficantes de terrenos”– que nos permitan ocupar lotes en quebradas y suelos inseguros. Después de todo, el silencio sísmico puede durar toda una eternidad y si uno ocurriera, para eso tenemos al Señor de los Milagros o el de los Temblores.

No necesitamos el Reglamento de Tránsito. Es una restricción que no se permita que los conductores, ciclistas y peatones puedan interactuar con total libertad. Tomemos como ejemplo libertario a los colectivos que brindan transporte interprovincial. Sin contar con permiso de circulación, brevete profesional, seguro de accidentes, revisión técnica, manifiesto de pasajeros y conduciendo a velocidades que exceden los límites establecidos, brindan un servicio atroz y peligroso, pero económico.

Tampoco necesitamos congresistas. En términos legislativos, por ejemplo, casi nunca estamos a la vanguardia. Mejor de una vez googleamos las leyes de otros países, en vez de plagiarlas solapadamente. Con respecto a la función fiscalizadora, hace tiempo que opera bajo la máxima “a mis amigos todo, a mis enemigos el peso de la ley”. Además, la vida es demasiado corta como para darles tribuna a personas que hace tiempo dejaron de tener vergüenza (sea propia o ajena).

Resulta evidente que lo propuesto líneas arriba parece absurdo, pero –por desgracia– caracteriza una parte esencial de la realidad que vivimos. A diferencia de Pink Floyd, que protestaba ante una sociedad cuyo autoritarismo creaba “muros” que aislaban al individuo, nosotros enfrentamos murallas que privilegian el interés personal sobre el nacional. Como consecuencia, la mayoría tiene un acceso insuficiente a una alimentación, educación, salud, empleo, transporte y medio ambiente dignos. Debemos pasar del “no necesitamos” de la congresista Salazar a un “requerimos más y mejor”, y así fortalecer una institucionalidad pública orientada a derribar lo que obstaculiza la construcción de un país más justo.

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