La primavera de PPK, por Roberto Abusada
La primavera de PPK, por Roberto Abusada
Roberto Abusada Salah

Presidente del Instituto Peruano de Economía (IPE)

Los astros se alinearon a favor de Pedro Pablo Kuczynski y logró ser elegido presidente gracias a una inesperada sucesión de eventos. El cálculo de la probabilidad de que se dieran acontecimientos similares a los que ocurrieron desde mediados de febrero hasta la elección del 5 de junio hubiera arrojado sin duda alguna un número muy cercano a cero. Aun así, PPK y su equipo mantuvieron la intensidad de su campaña como si esperaran un golpe de suerte.

Convertido ahora en presidente, PPK nos ha mostrado con la nominación de su primer ministro y demás miembros del gabinete, que no está confiando en la suerte; él quiere asegurar un gobierno exitoso sin dejar nada al azar. La suerte, sin embargo, parece seguir acompañándolo. En su discurso inaugural delineó su visión optimista del Perú, proponiéndose metas que lucen de hecho ambiciosas pero que parecen haber energizado a la población.

Transcurridos apenas diez días de iniciado el nuevo gobierno ya se respira un aire de esperanza. La confianza empresarial ha dado un salto positivo e inclusive el empleo, aunque de manera incipiente, parece empezar a crecer nuevamente. El crecimiento económico de mayo sorprendió positivamente, y la tasa que ya se anticipa para junio revelará que en la primera mitad de este año la economía creció 4,1%, dando alta credibilidad al pronóstico del Banco Central (BCR) de 4% de crecimiento para el 2016.

Del mismo modo, la inflación anual a julio (2,96%) ha regresado al rango objetivo del BCR después de estar 18 meses por sobre dicho rango. El BCR reconoce que existen factores internacionales como el menor riesgo que hoy se percibe en los países emergentes y la mejora de los precios de los minerales. Esto ha ayudado a contener la devaluación de la moneda que, junto con la normalización de algunos precios de alimentos, han producido un freno a la inflación.

El tipo de cambio hoy es 3% menor que el del comienzo de año. Aunque el déficit fiscal permanecerá en un nivel similar al del año pasado, el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos –aquel faltante que debe ser financiado con entrada de capitales de largo plazo, inversión directa extranjera o una caída en las reservas internacionales– será sustancialmente menor gracias a mayores exportaciones mineras. 

Es cierto que el menor déficit en la cuenta corriente se debe en parte a que invertimos menos e importamos menos. Igualmente, la menor devaluación y la moderación de la inflación son parcialmente producto de eventos fuera de nuestro control como los precios de minerales, o el regreso de capitales a los países emergentes como el nuestro; pero también es verdad que estos resultados traerán mayor confianza en nuestra economía, permitiéndole por algún tiempo al gobierno una ‘luna de miel económica’.

Contrastando con esta situación, el ambiente internacional presenta importantes riesgos que van desde el menor crecimiento y mayor incertidumbre en Europa, probable aumento de la tasa de interés en EE.UU., un ajuste en la economía de China y la caída del PBI Latinoamericano. India crece ahora fuertemente, pero el tamaño de su economía es solo la quinta parte del de China. Todo esto en medio del resurgimiento de aires proteccionistas en los países avanzados.

Este es el escenario mundial en que el Perú se dispone a llevar a cabo un ambicioso salto modernizador que implica un aumento en la provisión de servicios públicos, nivelación de salarios estatales y mayor inversión en infraestructura; todo ello con un esfuerzo de formalización de la economía que implica, entre muchas cosas, una disminución de impuestos. 

La manera de evitar sucumbir en este aparente intento de cuadratura del círculo requiere –a mi juicio– un delicado manejo político que permita, primero, presentar un programa creíble y sólido de consolidación fiscal que garantice el gradual control del déficit en los próximos años.

Segundo, el rediseño de todos los procedimientos administrativos del Estado. La idea de destrabar mediante mandato burocrático es tan inútil como reemplazar el mercado por la planificación central; el Estado tiene hoy una estructura administrativa que ahoga a la inversión privada.

Tercero, un programa intensivo para atraer inversión extranjera y aprovechar nuestros tratados comerciales.

Cuarto, y quizás lo más urgente, el inicio de una verdadera reforma laboral.

Se trata sin duda de un ejercicio que demandará del presidente una dosis muy grande de liderazgo, una virtud que él posee y que ha estado ausente en la política peruana por largo tiempo.