(Foto: Archivo El Comercio)
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Fernando Vivas

Columnistas, cronista y redactor

fvivas@comercio.com.pe

Uno se ausenta del país por pocos días y se sorprende con la negrura de los pronósticos: que PPK no llega al bicentenario ni de a vainas, que mucho antes que él cae Fernando Zavala y el gabinete, que Keiko gobernará el Perú antes del 2021 y ya empezó, silenciosamente, por tomar el Lugar de la Memoria para reescribir la historia del Perú.

El ‘understatement’ fujimorista coincide en el pronóstico agorero con las teorías conspirativas caviares: el presidente no oye, no reacciona, no la ve; no la hace, pues. Y si dejamos esos extremos y vamos al núcleo ppkausa, tampoco vemos unión y confianza, ah. Miren nomás a Zavala haciendo este cálculo suicida: “Solo 10 congresistas de la bancada trabajan realmente con nosotros”, dice muy orondo, sin prever que el resentimiento de los 7 restantes le va a pesar más que el supuesto apoyo de los 10. Ay, Zavalita, si supieras cuántos de la decena estarán de acuerdo en que dejes la PCM de una buena vez y así le das el tanque de oxígeno que le hace falta a tu líder. Ay, Zavalita, ¿acaso no sabes que el partido hace rato que quiere romper palitos? Sí, señores, la sigla PPK abandonando al hombre PPK, lo que no deja de tener una ‘lectura consuelo’: esta es una crisis de personajes más que de instituciones.

A estos extremos agoreros se suman los pesimistas y conspiranoicos de siempre, que jugando con los hechos de Lava Jato sentencian que a PPK le puede corresponder un destino penal. Con dos ex presidentes presos y otro con orden de captura, no sería descabellado auscultar al presidente hasta encontrarle cualquier cosa comprometedora.

Entre la vacancia y la Diroes hay, por supuesto, muchas salidas incruentas pero melodramáticas: que renuncie el presidente a gobernar con esa inconsulta e inimputable frescura de la que abusa hoy, a favor de un gobierno de coalición y emergencia, sin romper plazos constitucionales. O con un plan agresivo de reactivación y anticorrupción que borre su imagen de lobbista y tecnócrata proempresarial, que consulte con bases y opositores, que haga cambios indispensables en personas y reformas. Eso aportaría el oxígeno que antes le dio la campaña Una Sola Fuerza.

¿Y quién le dice todo esto al señor de la pachamanca árabe? ¿Los asesores a los que no escucha, las cifras que lee como le da la gana, los opinólogos que le valen un comino, la calle que le es ajena y que no entiende? En primer lugar, creo que Zavalita y sus diez incondicionales bien podrían tocarle la puerta y decirle cuatro cosas bajo las cuales están dispuestos a seguir con esta aventura del final de una vida. Qué debe decir, qué debe callar, a quién debe oír, a quién no recibir, a quién bajar del escalafón, empezando por el propio líder de los 10.

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