¿Tú qué eres?, ¿pedófilo o abortista?, por Fernando Vivas
¿Tú qué eres?, ¿pedófilo o abortista?, por Fernando Vivas
Fernando Vivas

Columnista, cronista y redactor

fvivas@comercio.com.pe

Una pequeña historia de la guerra del aborto y los derechos : en 1980, en los últimos días de Morales Bermúdez, se firmó el ‘concordato’ que dio financiamiento público a la Iglesia. Esta pensaba que el próximo Congreso con liberales de derecha e izquierdistas ateos no hubiera concedido tanto.

Durante los 80, la Iglesia no tuvo que preocuparse: la agenda de derechos sexuales y reproductivos recién se escribía. En 1990 estábamos tan confundidos que el feminismo y las ONG que querían despenalizar el aborto votaron por Fujimori. Y la Iglesia apoyó a –un agnóstico ‘openmind’– porque le aterraba el contingente evangélico que apoyaba a Fujimori.

Hacia 1993, católicos y evangélicos aprendieron a hacer causa común y escribieron en la nueva que la vida empieza en la concepción, piedra básica de su proyecto conservador. Los liberales de izquierda y derecha estaban despistados. 

La transición de Paniagua fue una clarinada del feminismo y el movimiento LGBT. Pero coincidió con el más decidido activismo político de su extremo opuesto conservador que, a través de Luis Solari, buscó frenar las políticas de planificación familiar en el sector salud. Toledo, un liberal hedonista, batalló contra el y hasta se enredó en una intriga para desprestigiar al cardenal Juan Luis Cipriani, sin saber que tenía de socio político a tremendo conservador.  

Alan decidió gobernar con la venia de la Iglesia. También dio espacio a los evangélicos –inauguró la dualidad de ‘te deum’ y acción de gracias– que, con su conversa Mercedes Cabanillas, llegaron al Congreso. A Meche hay que reclamarle que, con el pretexto de endurecer las penas contra violadores, hayamos penalizado prácticamente todas las relaciones sexuales de los menores de 18. Tomó años deshacer ese entuerto.

Humala no se desvive por el asunto. Nadine sí es liberal –lo dio a entender en una entrevista de campaña–, pero hoy se traga su opinión cuando se la piden en . Parte de lo que se tachó de la gran transformación para convertirla en hoja de ruta fue la agenda liberal. Y el evangelio se hizo Ana Jara en la cartera de la Mujer.  

La guerra ha entrado en una nueva fase. Es cada vez más visible para los ciudadanos, pues saben que hay políticos y periodistas cuya confesión se impone sobre su oficio. También saben que esta nueva polarización no coincide con la de izquierda y derecha, pero es igual de apasionada.

Por un lado, se denuncian los casos de pedofilia entre religiosos, porque así, con una abusiva generalización, se tacha a todo el bando conservador de hipócrita. Su lucha no sería cosa de fe, ni de razón, sino mera defensa de privilegios de pernada. 

Por el otro lado, se tacha a todo liberal de promotor del aborto, lo que es una gruesa distorsión, pues nadie promueve el aborto, sino su despenalización parcial, tolerando a las mujeres que decidan hacerlo solo hasta cierto período y en ciertas circunstancias.

Ni generalizaciones abusivas ni distorsiones perversas. Soy liberal y quiero conciliar. Déjense del ‘no doy A porque abre la puerta a B’. Eso es regresivo e inhumano. Si el aborto terapéutico y la les parecen justos y razonables, acéptenlos por el bien común y por ser coherentes con su propia conciencia. Igual vendrán otros tiempos y otras inevitables discusiones.