Quizá la última oportunidad, la columna de Fernando Tuesta
Quizá la última oportunidad, la columna de Fernando Tuesta
Fernando Tuesta Soldevilla

Profesor de Ciencia Política de la PUCP

¿Cómo quedará el gobierno luego de estas semanas que conmocionaron al país? En pocos días hemos pasado del desastre del Caso Odebrecht a los desastres naturales, reconfigurando el escenario político de manera drástica. No hay gobierno que haya sufrido los embates de dos fuerzas devastadoras en el primer semestre de su mandato. Ningún gobierno podía haber estado preparado para este duro golpe, peor aun tratándose de uno como el de Pedro Pablo Kuczynski (), que tiene un débil apoyo partidario y parlamentario.

Sin embargo, el gobierno llegó a estos meses muy debilitado. Al lado de dos ministros que salen del Gabinete debido a la censura y el escándalo, así como con una bancada que perdía un miembro y mostraba ser la menos cohesionada del Parlamento, se le agrega el desempeño de un presidente que quemó rápidamente su capital político. Sus intervenciones, inicialmente informales y frescas, se fueron tornando inadecuadas e inoportunas. Además, la participación PPK en el escándalo Odebrecht no está plenamente esclarecida, la firma de la adenda del contrato Chinchero y el posterior intento de interpelación del ministro Vizcarra, llevaron al presidente a niveles de desaprobación que no tienen precedentes, tratándose de un gobierno que no tiene ni un año en funciones.

En estas circunstancias, el presidente que empezó de manera dubitativa enfrentando los desastres naturales, y que se pensaba que sería arrastrado por los efectos del desastre, logró aprovechar esta oportunidad y trabajar como hasta ahora no lo había hecho. Un presidente activo y presente es fundamental en la práctica gubernamental, sobre todo en la primera fase, que tiene que ver con organizar la ayuda estatal en un territorio donde la dispersión de las áreas afectadas y en la mayoría de los casos accidentadas, dificultaban la labor. Pero la imagen se completa al ver a todos los ministros distribuidos por todo el país trabajando y llevando la ayuda y solidaridad que, aunque siempre insuficiente, ha sido simbólicamente importante.

El accionar del gobierno ha sido acompañado por una concentración del interés público, que está a la expectativa de sus actos, teniendo como consecuencia que todo lo que haga y diga la oposición y sus críticos queden en un segundo plano. Ese respiro, en el momento en que parecía que se ahogaba, puede ser aprovechado por PPK para hacer andar su plan de gobierno, hasta hoy prácticamente postergado, mediando una exitosa reconstrucción de las zonas afectadas, tareas que siempre traen malos recuerdos (Huaraz 1970 y Pisco 2007), pues al lado del lodo viene la corrupción.

Esta no es una tarea fácil, teniendo los antecedentes de estos últimos meses, pero un país golpeado, dolido, que se transforma en uno esforzado y solidario, produce una sensibilidad que debe ser aprovechada, para intentar crear nuevos vínculos entre gobernante y gobernados. El presidente, que ha pasado de tener todo en contra, tiene ahora una gran oportunidad que debe aprovechar. Quizá sea la última.

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