Menú de Ricardo Martins: cercanía y sabor en Barranco

Aunque está ubicado en la Bajada de Baños de Barranco, el restaurante de Ricardo Martins podría estar en cualquier ciudad donde la noche sea parte central de la experiencia urbana.
Menú y el gusto por lo simple en la cocina de Ricardo Martins. (Foto: Richard Hirano)

Conforme a los criterios de

Saber más
Menú
Dirección: Bajada de Baños 321, Barranco.

Teléfono: 920 665 861

Instagram: @_menu__________

El nuevo restaurante de no se explica por una etiqueta. No va de “cocina fusión” ni de “cocina de autor” como si eso resolviera algo. Va de decisiones: qué entra, qué no, qué se cruza y por qué. Con ese criterio, la carta puede ser breve y aun así decir más. No responde a una narrativa obvia —y ahí está parte de su atractivo—. En un momento saturado de cocinas que necesitan explicarse, aquí los platos no piden contexto: funcionan. El hilo conductor no es un concepto cerrado, sino la búsqueda del sabor, el contraste, el cruce improbable que encuentra su lugar.

MIRA: Marissa Chiappe: “Mi mayor logro es vivir de lo que me gusta: escribir”

La antropología —carrera que estudió Martins— se cuela en la carta sin hacerse notar. No como discurso, sino como método: observar cómo se come en distintos lugares, cómo dialogan las técnicas, cómo se equilibran los sistemas. No hay ingredientes “exóticos” ni combinaciones forzadas; hay cruces pensados, tensiones medidas y una obsesión por entender por qué algo funciona. El primer plato lo deja claro: conchas dragón con pitahaya, cocona y leche de tigre. Dulzor y acidez en equilibrio fino. La fruta no está ahí para “tropicalizar” el plato: la pitahaya aporta frescura y textura; la cocona, esa acidez amazónica tan particular, ordena el conjunto. La leche de tigre amarra todo con precisión.

Asado de tira braseado con sticky rice y vinagreta. (Foto: Richard Hirano)

La polenta frita sigue en otra clave: dados crocantes, dorados, con una salsa cacio e pepe que se sale del manual. La fritura y una salsa densa de Pecorino romano y pimienta Szechuan podrían resultar pesadas, pero Martins opta por pasar la salsa por el sifón. El resultado cambia por completo: un aire ligero, casi etéreo, pero lleno de sabor, que envuelve la polenta sin apagarla. Un plato aparentemente simple, sostenido en técnica y decisión.

El sando de king fish juega en otra liga: sambal —una pasta rústica y picante muy común en el sudeste asiático que aquí toma otros matices con ajíes locales—, alioli de cangrejo y schnitzel de pescado. Picante, grasa, mar. El pescado, delicado por dentro y apenas crujiente por fuera, sostiene todo sin perder identidad.

Hamachi de mero fortuno, apenas sellado, con salsa de tausi, toronja, crème fraîche y bok choy. (Foto: Richard Hirano)

El steak tartare vuelve a cambiar el registro. Ssamjang, mostaza y ajo chino: umami profundo, picor contenido, notas fermentadas. En lugar de tostadas, unas galletas de langostino. El mar aparece como soporte del vacuno, no como un contraste obvio.

El hamachi —mero fortuno apenas sellado— llega con tausi y toronja. Un plato breve, preciso, sin adornos. La salinidad del frijol fermentado y el amargor cítrico limpian el bocado y lo afinan.

Sando de king fish, sándwich de schnitzel de pescado con alioli de cangrejo y sambal. (Foto: Richard Hirano)

De fondo, un asado de tira braseado durante horas. Carne melosa, salsa intensa, una demi-glace que abraza sin empalagar gracias a sus acompañantes: un sticky rice con guiños orientales y una vinagreta de fish sauce, hierbaluisa y kion. Esa acidez aromática es clave: corta la grasa, refresca y permite seguir. Es un plato generoso, pensado para compartir.

Panna cotta de vainilla con peras y bourbon. (Foto: Richard Hirano)

Como final, una panna cotta de vainilla con peras y bourbon. Sin excesos, sin azúcar innecesaria. El bourbon deja un eco cálido, más adulto que goloso.

Martins no replica estilos ni conceptos: toma herramientas, escucha y edita. Como melómano declarado, propone una secuencia atenta, no un relato forzado. Menú funciona porque entiende algo esencial: el sabor manda y el espacio acompaña.//

Hanky Panky, con bourbon, blend de vermouths y pink soda. (Foto: Richard Hirano)
Además…
Para tomar nota

EN LA BARRA

Los cócteles siguen la misma lógica: un Hanky Panky reinterpretado: bourbon, blend de vermuts y pink soda. El Capitán está hecho con pisco quebranta, blend de vermouths, higo y bitter de naranja. Clásicos retocados con criterio, que sostienen la carta, sin fuegos artificiales.


LA CAVA

La selección de vinos es corta, pero bien pensada: Boya Sauvignon Blanc de Chile, directo y fresco; La Magnolia Pinot Grigio DOC de Italia, limpio y versátil; Un Lapa Nero d’Avola, profundo y honesto; y un JCV Pinot Noir chileno que acompaña sin invadir. Pocas etiquetas, buenas decisiones.

Más en Gastronomía

Velvet, el bar de Joel Chirinos que va más allá del cliché del ‘speakeasy’

La guía completa de los Premios Somos 2026

Rodrigo Fernandini lleva el ceviche a la pantalla grande: “No solo se trata de celebrarlo, también de crear conciencia para cuidar este legado”

Feria Fusión por Gloria: la carapulcra de Cuto, el mejor chicharrón y más imperdibles de la feria gastronómica

Feria Fusión por Gloria: Así se vivió la primera jornada del encuentro gastronómico en la Costa Verde

D’ Sala y el salto de un ritual entre padre e hija a la mejor cafetería de especialidad de los Premios Somos 2026

Contenido GEC

Contenido GEC

Contenido GEC

Contenido sugerido

Contenido GEC