Miércoles, 25 de octubre de 2006
Rincón del autor: Uchuraccay y "Madeinusa"


Abelardo Sánchez León
La cinta privilegia la mirada femenina. La ausencia de la madre tiene una fuerza impactante y sus dos hijas están dotadas de una personalidad compleja.



El referente principal de la película "Madeinusa" es la matanza de los ocho periodistas en la comunidad de Uchuraccay. Aquella desgarradora escena en las alturas de los Andes funciona como un fantasma en nuestro inconsciente colectivo. El forastero de la cinta no solamente es un extranjero en aquel momento de fiesta sacra, sino también alguien que toma fotos y le muestra una grabadora, a la usanza de los periodistas, a la muchacha llamada Madeinusa. Aquel limeño joven y relativamente agraciado podría haber sido Willy Retto o el flaco De la Pinella antes de morir en manos de los comuneros.

Aquel malentendido entre los ocho periodistas y los comuneros de Uchuraccay pervive aún en el pronunciado antagonismo entre literatos andinos y criollos, en la desconfianza que despierta el forastero en las serranías y en un cierto temor de los criollos por adentrarse en un mundo que les resulta desconocido. La simultaneidad de los acontecimientos, sin embargo, dota a la película de un aire perturbador: no existirían mundos aislados y, al contrario, todo parece relacionarse de una manera perversa. Lima es un nombre lejano donde ha ido a vivir la madre de las dos muchachas, abandonando a su marido, el alcalde, la máxima autoridad del pueblo. La madre funciona como la imagen del pecado o, mejor aun, como la mujer moderna que escapa de aquel yugo patriarcal, rural y atrasado.

La cinta privilegia la mirada femenina. La ausencia de la madre tiene una fuerza impactante y sus dos hijas están dotadas de una personalidad compleja. En todo caso, están dispuestas a perder la virginidad y no necesariamente con su padre. Los vínculos del sexo con la religión son numerosos: sexo al paso con el forastero, el beso al Cristo yaciente y el beso al padre antes del envenenamiento.

Si tuviéramos que buscar otra cinta peruana en las antípodas de "Madeinusa", esa sería "Días de Santiago", de Josué Méndez. La película transcurre en las entrañas de Lima, es masculina, trata de un ex combatiente del Cenepa y su referente no es otro que Taxi Driver, el símbolo de Nueva York. Podríamos arriesgarnos y decir que el campo se traduce en la figura materna y la ciudad en la del padre desarraigado. Una gran laguna femenina en comparación a los edificios de cemento masculinos. Es un riesgo, claro, lo sé. Al menos que digamos como Luis E. Valcárcel que la sierra es masculina y la costa femenina, con todo lo bueno que supone lo primero y lo negativo que supone la segunda afirmación. Pero las dos mujeres de la película de Claudia Llosa están dispuestas a matar por zafarse del yugo patriarcal, allá arriba, donde sangra el manantial del gran desencuentro del Perú.





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