Por Luis JaimeCisneros Hamann
Periodista
Venezuela es la estrella mediática de América del Sur. El país de los culebrones más aburridos de la región y de las reinas de belleza al por mayor se ha ganado a pulso un lugar privilegiado en los espacios informativos de los medios de comunicación gracias a su presidente Hugo Chávez.
Él se ha convertido para muchos, este 2007, en el villano de la libertad de expresión en el hemisferio. Entidades internacionales de prensa le reprochan al unísono su decisión de poner fin a la licencia de transmisión de la televisora privada Radio Caracas Televisión (RCTV) a partir del 28 de mayo.
Las condenas expresan un espíritu de cuerpo en defensa de la libertad de expresión, al margen de consideraciones ideológicas entre organizaciones tan dispares como la Sociedad Interamericana de Prensa, el Instituto Prensa y Sociedad, el Comité de Protección de Periodistas, Amnistía Internacional, Reporteros Sin Fronteras y la Federación Internacional de Periodistas.
El gobierno de tendencia socialista venezolano ha justificado su decisión, anunciada en diciembre del 2006, alegando que la televisora RCTV es "golpista" y transmite "pornografía". Su negativa a dar marcha atrás supone el fin de la cadena fundada en 1953, una de las más antiguas del país por ser la tercera estación de televisión en salir al aire. En Venezuela, como en el Perú, la legislación establece que el espacio radioeléctrico es propiedad del Estado, lo que deja a las autoridades con la sartén por el mango.
La avalancha de críticas recibidas en lo que va del año, que incluyó una condena del Senado de Chile, colocó a la defensiva a Chávez, quien denunció una conspiración contra su gestión e inició una campaña de propaganda para refutar las acusaciones. Otros países de la región, como el Perú, han preferido mirar desde la tribuna el debate generado, como lo graficó la decisión del Congreso de descartar este mes un pronunciamiento tras rechazar un pedido de la legisladora conservadora Lourdes Alcorta.
Las autoridades venezolanas han insistido en presentar las protestas como parte de un nuevo intento de desestabilización, similar al que desembocó en el golpe de abril del 2002. No están solos en esa tarea. El lunes la organización caraqueña Periodistas por la Verdad (3.000 miembros) advirtió que la prensa brasileña a través de los diarios "O Globo" y "O Estado de Sao Paulo" y los venezolanos "El Universal" y "El Nacional" y la televisora Globovisión son parte de ese proyecto. En Brasil negaron todo.
Las repercusiones del cierre de RCTV han llegado a la OEA, donde Chávez amenaza con retirar a Venezuela del bloque si prosperan solicitudes para aplicarle la Carta Interamericana de defensa de la democracia por estar violando la libertad de expresión. Tal eventualidad parece posible luego de que Chávez retiró esta semana a su país del FMI.
Las semanas venideras prometen ser cargadas en retórica si se concreta esta amenaza. Una amenaza, dicho sea de paso, que podría dar pie a que los países de la región decanten posiciones respecto al tema de fondo: el avance del autoritarismo disfrazado de socialismo en Caracas. Esta escalada coincidirá con el viaje que hará en junio por la región la secretaria de Estado de EE.UU., Condoleezza Rice.
Chávez ha rechazado ser un enemigo de la libertad de expresión y para rebatir esas acusaciones sostiene que en su país la prensa le dice de todo. Lo cual es cierto: quien ha visitado Caracas recientemente concordará con el mandatario. Por eso el cierre de RCTV parece una paradoja detrás de la cual se esconde un artilugio legal por el cual el Gobierno quiere controlar los medios de prensa.
La creación de un nuevo canal oficial, la Fundación Televisora Venezolana Social, en reemplazo de RCTV, y cuyas transmisiones empezarán este 28 de mayo, es una clara señal de que las voces críticas incomodan al Gobierno.