Por Por Pablo O'Brien
Redactor
Hugo Chávez y Fidel Castro tienen una alianza que va más allá del apoyo económico y diplomático. Ambas revoluciones (la cubana y la bolivariana) han ingresado a un proceso de fusión. Especialmente luego de que Chávez anunció el giro hacia el socialismo y empezó a nacionalizar empresas .
En medio de este contexto, Chávez viene impulsado uno de sus sueños más preciados: internacionalizar la revolución bolivariana. El presidente venezolano está convencido de que debe emular a Simón Bolívar, la imagen en la que se ve reflejado. Por tanto, al igual que el libertador, se ha autoimpuesto el objetivo de emancipar a Latinoamérica del nuevo imperialismo: "la tiranía estadounidense" que sojuzga al continente, según su particular pensamiento. Para cumplir con este fin está destinando ingentes cantidades de dinero (se calcula que unos 1.600 millones de dólares) en ayuda directa y apoyo social para obtener un firme soporte en los amplios sectores populares de los distintos países latinoamericanos, que será la base de su proyecto internacionalista.
Nadie en su sano juicio puede oponerse a la ayuda humanitaria, pero los programas de apoyo chavistas son en la práctica clientelismo puro, solo que a escala continental. Los peruanos conocemos bien los peligros de esta forma de hacer política. Su intención es que los más necesitados se identifiquen y dependan del caudillo dadivoso. Eso es justamente lo que busca Chávez: ganar aceptación mediante obsequios, a fin de conducir luego a toda América hacia el socialismo del siglo XXI, en el que se eliminan la independencia de poderes y la libertad de expresión, y se reprime y persigue a los opositores tal y como ocurre hoy en esos paraísos llamado Venezuela y Cuba. El asistencialismo chavista, sin duda, es un típico regalo de Troya.