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“El reto en el Perú es conseguir dónde exhibir tu película ”

Una entrevista publicada hace 3 años en Posdata sirvió de inspiración para que Marianela decidiera hacer su primer largometraje. “Rodar contra todo” es un documental que recoge la historia de los jugadores peruanos de rugby en silla de ruedas (quad rugby) y se estrenará el 30 de setiembre.

Marianela Vega
Cineasta

Tengo 37 años, estudié en la PUCP y realicé una maestría en dirección de cine en Austin, Texas. Mi primer corto lo hice de niña, junto a mis padres y hermanos, se llamó “El maldito bastardo” y estuvo inspirada en las series policiales de los 80.

Marianela - Interior

Por: Renzo Giner Vásquez (@SebGiner)

Una entrevista publicada hace 3 años en Posdata sirvió de inspiración para que Marianela decidiera hacer su primer largometraje. “Rodar contra todo” es un documental que recoge la historia de los jugadores peruanos de rugby en silla de ruedas (quad rugby) y se estrenará el 30 de setiembre.

—¿De qué forma te inspiró aquella entrevista?
Mi papá me guardó ese artículo, él siempre ve cosas que me pueden interesar y las guarda. Le había llamado la atención la foto en la que salían los jugadores de quad rugby y al medio de ellos salía el entrenador, un amigo mío del colegio, Manuel Benavides. Me pareció supercurioso, creo que todos los que se enteran de que existe el rugby en sillas de ruedas sienten lo mismo. Pasaron unas semanas, lo llamé, fui a buscarlo a su oficina y le dije que quería hacer algo con eso. No sabía qué, podía ser una película, un corto, no sabía pero quería conocer a los chicos y saber más.

—¿Qué pasó después?
Me invitó al entrenamiento y lo que vi ahí marcó la decisión de hacer la película. Es un deporte único porque es mixto, rudo y surgía la pregunta: ¿por qué si han pasado por experiencias tan fuertes quieren exponer su cuerpo a una futura lesión? Además, era algo nuevo, algo que recién comenzaba.

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—¿Cómo fue ese primer entrenamiento?
Bien chistoso. Era un domingo por la mañana en el coliseo Eduardo Dibós, yo acababa de donar sangre en el hospital de Neoplásicas, me presentó Manuel y me quedé a verlos entrenar. Al final de cada entrenamiento jugaban un partido de 4 contra 4, ahí me dijeron que si había ido a conocer el quad rugby debía jugarlo y me subieron a una silla. Jugué un partido, hay un montón de velocidad, las sillas son bien pajas y es cierto que es bien adrenalínico. Habré durado 15 minutos y me desmayé [risas]. Había olvidado que no debía hacer ningún esfuerzo físico.

—¿Y te respondiste la pregunta inicial: por qué exponen sus cuerpos así?
Sí. Se las hice y los que me respondieron fueron claros. Me dijeron: “¿Qué más me puede pasar?”. Han tenido un accidente o recibido un disparo por el que casi mueren, ya les costó recuperarse y rehabilitarse, han pasado dos años deprimidos, ya pasó lo peor. Si se rompen un brazo, bueno, se rompen un brazo. Yo creo que por ser un deporte rudo, de contacto, te empodera para chocar, caer y levantarte. Para las personas que pasaron por un trauma fuerte, que ya salieron del hoyo, es una oportunidad de empoderamiento. Hasta con la silla te das cuenta…

—¿Qué tienen las sillas?
Son especiales, visualmente atractivas, te sientes superbién en ellas. Están todo el día en una silla de ruedas clínica, llegan al entrenamiento y los ayudan a pasarse a esas sillas especiales. Se sienten como los Transformers, adquieren superpoderes. Ya no están en la ciudad sin rampas, donde victimizan a las personas con discapacidad o donde simplemente no reconocen sus derechos. Ahí no hay pobrecitos, hombres y mujeres están en la misma condición.

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—¿Cuánto tiempo pasaste con ellos?
Empezamos a grabar en febrero del 2013 y los acompañamos hasta el verano del 2015. Luego vino la edición y grabar cosas extras. Hemos tenido muchas experiencias bonitas, pero me quedo con el viaje a Colombia.

—Cuéntame de ese viaje…
Fue su primer campeonato, ni siquiera habían jugado en Lima. Salió el torneo en Medellín y la película aún no manejaba presupuesto, solo trabajábamos con ayuda de amigos del cine que estaban metidos por puro sentimiento. Manuel consiguió que la organización me diera alojamiento y alimentación, agarré mi tarjeta y compré un pasaje, después pensaría cómo pagarlo [risas]. Fue bien adrenalínico, estaba sola con la cámara y el micro persiguiéndolos sin parar. Fui parte de esa convivencia.

—Además, nada mejor que una gira de rugby…
De verdad que sí. Me ayudó a acercarme a ellos, a que la relación se abriera. Siento que desde el viaje nuestra relación cambió. Después del seguimiento deportivo decidimos explorar las historias personales de cada uno de los jugadores.

—¿Como cuál?
Erick tiene cuadraplejia y todos se admiran que haya logrado hacer muchas cosas –mental y físicamente– que otros cuadrapléjicos no pueden. Se mentalizó y es bien independiente, no le gusta que lo ayuden salvo en algo que de verdad no puede hacer. Él tuvo la lesión por un balazo a la columna, sobreponerse a eso fue bastante difícil. Todos coinciden en que han tenido un período de dos años de aceptación de la incapacidad. Algunos incluso no aceptaban, se dañaban a sí mismos, son historias que te hacen admirarlos más porque conoces lo que superaron.

—¿Qué te gustaría que la gente sienta tras ver este documental?
Que abran los ojos no solo a un deporte que no conocían, sino a una realidad que a veces ni siquiera vemos. Si uno no tiene –y a mí me ha pasado– a una persona con discapacidad cerca, armas prejuicios o los victimizas. Una persona en silla de ruedas es como cualquier otra y si tiene menos oportunidades es porque la ciudad no se lo permite, no porque no pueda hacerlo.

—Antes de este documental realizaste siete cortos. ¿Qué te inspira?
La familia y la identidad siempre están presentes. Mis documentales son bastante autobiográficos, buscan entender el rol de uno, la identidad, la ausencia, el desamparo. Es más, en el que estoy trabajando ahora también gira en torno a esos temas. Por eso hacer el documental de quad rugby fue como meterme a la dimensión desconocida, mis trabajos tenían una mirada hacia adentro y en este caso fue al revés, vi hacia afuera, hacia el grupo. Pese a eso, siento que esta película tiene un montón de mí.

—¿Y cuán difícil es hacerlo en nuestro país?
Hacer cine es difícil en todos lados. Cada país tiene sus fondos, en el nuestro ese fondo se está manejando bien pero todavía falta que la película se vea. El reto en el Perú es la exhibición, te cuesta meses conseguir dónde proyectarla. Si hubiera un circuito de cine independiente mucho más organizado y con más llegada, los multicines seguirían exhibiendo las películas de Hollywood, pero nosotros ya tendríamos una alternativa.

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