(Foto: Archivo El Comercio)
(Foto: Archivo El Comercio)

¿Qué nos deja el 2017? Nos deja un montón de nuevas normas. Al 20 de diciembre de este año, se habían publicado 20.829 normas en el Boletín Oficial. El año pasado la producción normativa fue de 23.098 normas. Sin crisis política seguro que la producción normativa de este año hubiera sido mayor.

Contrariamente a lo que regularmente se piensa, no es el Parlamento el que lidera la producción normativa. Este solo produjo 183 leyes. El ránking lo lidera el Poder Ejecutivo, con 9.430 dispositivos, sin considerar 61 decretos legislativos. Le siguen en volumen los organismos autónomos (SBS, por ejemplo) con 3.990; los gobiernos locales con 2.433 y los organismos técnicos especializados (Sunafil, por ejemplo) con 1.444.

Si bien muchas de estas normas son de carácter particular y de duración limitada (autorizaciones de viajes o nombramientos de funcionarios, por ejemplo), un gran grupo son de carácter general y tienen vocación de permanencia. Estas regulaciones lamentablemente no nacen con fecha de vencimiento. Se trata de regulaciones que impactarán la vida de los ciudadanos y empresas por varias generaciones.

El número de normas debería ser un indicador de mejora en la felicidad de las personas y la competitividad de las empresas. Lamentablemente, eso no es así. Parece que es todo lo contrario. Por la forma en que se suele regular (sin mirar costos y efectos), un gran número de regulaciones no es una buena noticia.

Burocracia gubernamental ineficiente y regulaciones laborales restrictivas han sido identificadas como los factores más problemáticos para hacer negocios en el Perú, en las encuestas de opinión ejecutiva del Foro Económico Mundial realizadas en los últimos 12 años. Solo algunos años han sido desplazados del primer puesto por la corrupción o la inestabilidad política.

Si uno mira el ránking de competitividad global (World Economic Forum) respecto al costo que implica para las empresas el cumplir con la regulación (¿cuán costoso es para las empresas cumplir con la regulación?), desde el 2006 el Perú aparece de manera consistente al final de la cola. Si lo medimos en términos de la distancia respecto del último de la cola, en los últimos tres años hemos empeorado. Este año aparecemos en el puesto 131 de un total de 137 países. Solo le ganamos a Ecuador, Zimbabue, Croacia, Italia, Brasil y Venezuela. Por delante va Chile (69) y Colombia (123). Nueva Zelanda
–quien perdió en el repechaje– nos da de alma en este indicador (21).

Para quienes creen que estamos mejorando en esta materia, mejor despierten del sueño. Se siguen aprobando normas que: prohíben el uso del maquillaje a las cajeras de supermercados porque “manipulan” alimentos agropecuarios; limitan los horarios de atención de las peluquerías porque afectan la “tranquilidad” de los vecinos; fuerzan la entrega de recibos de luz impresos pese a que es más barato y efectivo hacerlo por otras vías.

Si bien hay algunos avances este año (la SBS nos liberó de los estados de cuenta impresos, Migraciones eliminó la Tarjeta Andina de Migraciones, se eliminó la necesidad de renovar el permiso para las lunas polarizadas, Indecopi empezó a declarar barreras burocráticas de manera general), aún no hemos puesto en práctica mecanismos que limiten ex ante la mala regulación. Esperemos que el próximo año nos traiga menos y mejores regulaciones.

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