"Hoy, con casi US$ 70.000 millones anuales con ingresos en publicidad, esta plataforma comunicacional congrega los más efectivos algoritmos para que las marcas inviertan su presupuesto anual", señala Cateriano. (Foto: Reuters)
"Hoy, con casi US$ 70.000 millones anuales con ingresos en publicidad, esta plataforma comunicacional congrega los más efectivos algoritmos para que las marcas inviertan su presupuesto anual", señala Cateriano. (Foto: Reuters)

En los últimos días, más de 400 marcas han decidido retirar su publicidad en . Con el ya famoso hashtag “StopTheHateForProfit”, anunciantes argumentan que esta es una forma de protestar contra los mensajes de odio que se propagan en dicha red social y sin ningún tipo de filtro. La decisión se da en medio de una coyuntura bastante particular, no solo por el reciente asesinato de George Floyd a manos de un policía en el Estado de Minesota que generó una masiva reacción a nivel mundial, sino también por la crisis económica que estamos enfrentando a causa de la pandemia del COVID-19.

Facebook, la red social más popular del mundo, con más de 2.500 millones de usuarios, dejó de ser hace mucho tiempo lo que su fundador, Mark Zuckerberg, dijo hace algunos años: una simple red social con una gran tecnología. Hoy, con casi US$ 70.000 millones anuales con ingresos en publicidad, esta plataforma comunicacional congrega los más efectivos algoritmos para que las marcas inviertan su presupuesto anual. Y, probablemente, esta sea una de las razones de algunos de sus líos.

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Nadie duda del crecimiento financiero que ha acompañado a Facebook desde su fundación, en 2004. Éste ha sido exponencial y aplaudido por académicos y empresarios. Diseñada inicialmente para los millenials, para luego ser una de las redes sociales predilectas de los baby boomers, la empresa fundada por Zuckerberg no ha sido ajena debate público, pues sus acciones siempre están en agenda.

Recordemos que en 2018 la empresa tuvo que enfrentar uno de los momentos más complicados de su historia: la denuncia mundial sobre la filtración de datos personales en su plataforma. Ese año, se descubrió que la empresa Cambridge Analytica pudo adquirir información de casi 100 millones de usuarios de Facebook en Estados Unidos a fin de poder dirigir la publicidad y apoyar la campaña política de Donald Trump hacia la presidencia. Luego de maratónicas sesiones de Zuckerberg en el Congreso estadounidense –recordadas además por las acaloradas y difíciles preguntas hechas por la audaz y joven legisladora demócrata, Alexandria Ocasio-Cortez– la marca tuvo de afrontar una multa de casi US$ 5.000 millones.

Ahora, y en tiempos de pandemia, todos los reflectores han regresado hacia Facebook pero esta vez porque se le acusa de no manejar correctamente los límites sobre la libertad de expresión. Hoy en día, pues, existe una zona gris que regula las redes sociales. Para algunos, estas redes son plataformas digitales donde cada persona u organización tiene el derecho de compartir sus opiniones sin restricción alguna. Para otros, el crecimiento vertiginoso de Facebook ha hecho que ésta sea considerada un medio de comunicación y que deba regirse bajo ciertos parámetros legales. Ambas partes tienen argumentos válidos.

Marcas, consumidores, legisladores, medios de comunicación, entre otros, están siempre atentos a ver qué pasa con Facebook. Y por ello su protagonismo. Como toda organización, tiene muchas cosas que corregir. Sin embargo, y lo que no se puede negar, es que la empresa fundada por Zuckerberg nos ha traído innumerables beneficios que hacen que nuestras vidas sean más simples. Hablando solo de marcas, por ejemplo, podría considerarse que Facebook es la herramienta más eficaz para que pequeñas y medianas empresas, a un precio relativamente bajo, puedan llegar de manera efectiva a sus audiencias y públicos de interés.

Y el caso peruano no es la excepción. En nuestro país, como en casi todos los países del mundo, es también la red social más usada. Y más aún en tiempo de coronavirus. Según cifras de Osiptel, en el último mes, el uso de Facebook se incrementó en más de 250%. Y esto ha sido aprovechado por pequeños emprendimientos que han tenido que aparecer como parte de la ya conocida reinvención en tiempos de crisis. Hoy en día, en un mundo cada vez más globalizado y donde la información se comparte en cuestión de segundos, es clave hacer una pausa y pensar en qué y cómo decimos las cosas.

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