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Waldo Mendoza: “No nos merecemos crecer por debajo del ritmo potencial”

El margen para una postura expansiva lo tiene no solo la política fiscal, sino también la monetaria. El escenario externo podría deteriorarse aun más.

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(Foto: El Comercio)

El inesperado bajo crecimiento de abril puede haber influido negativamente en las expectativas. Por esa razón conversamos con el economista Waldo Mendoza, profesor de la PUCP, quien nos da sus impresiones sobre este resultado y la política económica de corto y largo plazo.

—El dato de crecimiento de abril se esperaba bajo, pero no tanto. ¿Qué opina?
Abril, efectivamente, tiene algunos aspectos idiosincráticos. Han pasado cosas como la caída fortísima de la pesca por el tema de la anchoveta, la interrupción circunstancial de Las Bambas, entre otras. Pero viendo el semestre, no marcha muy bien la economía. Aun sin eso seguimos dando vueltas alrededor del 2% en el primer semestre, de tal manera que el 4%, 4,2% para el año está ya muy lejano.
Creo que nos hemos equivocado con las proyecciones en el ámbito gubernamental. El MEF y el Banco Central presentaron en marzo proyecciones de 4,2% y 4% de crecimiento. A diferencia del año pasado, en que las proyecciones estuvieron básicamente bien, este año ambas instituciones van a tener que hacer un ajuste importante. Siempre es posible equivocarse, pero cuando uno se equivoca en más de un punto, hay un problema con la calidad de las proyecciones.

—¿Qué puede explicar este bajo desempeño?
Vale la pena preguntarse si es un tema cíclico o un tema de crecimiento económico. Cuando el tema es cíclico, hay un espacio enorme para las autoridades, tanto el gobierno como el Banco Central, para remediarlo, porque para eso ha sido creada la política macroeconómica, para hacer que la producción crezca cerquita del potencial que debe estar por 3,7%. Si crecemos por debajo de esa tasa, es un signo de que no estamos haciendo las políticas macroeconómicas correctas. En el caso del MEF, ha habido un entusiasmo en las proyecciones tanto del PBI como de la inversión pública.

Las proyecciones del MEF eran de inversión pública creciendo 4,5% en el año; en enero-mayo ha caído 6%, con lo cual esa cifra ya parece lejana. Incluso el gasto no financiero del gobierno general ha caído, no solo el gasto de capital, no solo nuevos alcaldes. Todo eso ha conducido a que la cifra del déficit fiscal anualizado, es decir un promedio móvil de 12 meses, esté en 1,5% del PBI, lejos del 2,2% que se tiene como límite. Y esa cifra difícilmente se va a revertir en forma sustantiva. Muy probablemente terminemos con un déficit fiscal bastante por debajo de 2%, lo cual es otro indicador de que la política fiscal no ha estado muy fina.

Eso tiene sus ventajas. El gobierno ha logrado colocar bonos a tasas de interés extraordinariamente bajas, nuestra solvencia fiscal está fuera de discusión, tenemos una de las deudas públicas más bajas de América Latina. Posiblemente, a este paso, el 2021 sea la más baja de la región. Eso está bien. Pero también el fisco debe ver ambos frentes, entre la sostenibilidad, la reputación, y también el tema del ciclo económico. No nos merecemos crecer por debajo del potencial.

—¿Tiene algún papel el Banco Central?
En el caso del Banco Central, el presidente Velarde ha declarado hace algunas semanas que parte del lento crecimiento de la economía peruana se debía a las cuestiones fiscales. Y en realidad, la tarea de mantener el crecimiento lo más cerca posible del potencial es de ambos brazos de la política macroeconómica. Incluso hacer política fiscal expansiva o contractiva es un poco más difícil por los timings, por los requerimientos, por los trámites que hay que hacer.

En cambio, hacer política monetaria contractiva o expansiva es más rápido aun cuando sus efectos demoren un poco más. Por lo tanto, en las condiciones actuales, en que claramente estamos creciendo por debajo del potencial, el Banco Central necesita también contribuir con el Ministerio de Economía y hacer política expansiva, lo que significa que debería empezar a bajar la tasa de interés; esa bajada no tiene efectos inmediatos, pero tiene un efecto de señalización de que la política macroeconómica está ayudando a tonificar la demanda.

—¿El deterioro del escenario externo tendrá impactos duraderos o transitorios?
El escenario externo está todavía un poquito oscuro para nosotros porque en el mundo está claro que el ritmo de crecimiento ya ha sido ajustado a la baja. En el caso peruano, nuestros términos de intercambio no están cayendo como ha ocurrido en eventos anteriores. En promedio, los precios de las exportaciones han caído levemente y el precio de las importaciones también. Mirando los números, el choque externo no ha sido todavía tan severo.

—¿Qué esperar para la segunda mitad del año?
El escenario externo tiende más a empeorar, no creo que mejore. A la guerra comercial entre dos gigantes se ha sumado ahora la India, que también le ha impuesto aranceles a EE.UU. Y está el tema pendiente con México. Los aranceles antes eran instrumentos que se movían cada cierto tiempo prolongado, ahora se han vuelto un instrumento de política casi como la fiscal o monetaria. No me parece que el escenario internacional en el segundo semestre sea mejor de lo que hemos tenido hasta ahora, así que por ahí no pueden venir los vientos de recuperación.

— Pensando en el largo plazo, ¿cómo podemos aumentar el ritmo de crecimiento?
El plan de competitividad del gobierno es una política de apoyo transversal. Y en ese caso, hay que atacar por todos los frentes: la educación, la salud, la infraestructura, la justicia. Teóricamente está bien. Pero si vamos a esperar que esos veinte problemas se solucionen para empujar a un gran sector podemos esperar 200 años porque esos temas no se van a solucionar.

Si el tema minero en los 90 hubiera esperado que se solucionen los 20 problemas que nuestro país siempre tiene, o si la industria de agroexportación hubiera esperado, no hubiéramos avanzado. La política tiene que ser entonces una que luego de haber hecho un diagnóstico profundo tiene que apuntar sus balas a un sector, empezar por un lado y esperar que ese lado, como está pasando con la agroexportación y la minería, jale a los otros sectores. Porque si vamos a empezar pensando que podemos crecer por todos los frentes, eso no es la historia peruana.

La historia peruana es de saltos cualitativos en sectores que felizmente jalan a otros. Eso no quiere decir que hay que dejar de hacer todas las cosas, pero la experiencia dice que me olvido teóricamente de los otros problemas y ataco los problemas centrales que tiene el sector, si uno quiere impulsarlo; es política sectorial, no es política transversal.

—¿El debate en el Congreso sobre el régimen agrario no debería existir entonces?
Uno mira los datos de la agroexportación y son impresionantes. Hace 20 años nuestra exportación agrícola no tradicional era como de US$200, US$300 millones, ahora es como US$6.000 millones. De frutas, hace 20 años no exportábamos nada, ahora exportamos como US$2.500 millones. Y los empleos que se generan son formales. Estoy absolutamente seguro de que la calidad de esos empleos generados con una norma de flexibilidad laboral es mucho mejor que la de otros empleos formales, más rígidos.

Creo que estaríamos cometiendo un gran error si eliminamos los beneficios que ese sector tuvo en algún momento. Es cierto que se puede pensar que es una industria un poquito madura, que ya se han asumido los costos fijos y todo eso, quizá amerite que algunos beneficios sean ligeramente reducidos, pero la esencia de ese modelo es la flexibilidad laboral, creo que es el corazón de ese modelo de crecimiento.

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