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"Romper el ‘glastak’", por Gonzalo Carranza

La escasa presencia de mujeres en lo más alto del mundo corporativo es un problema del que no podemos ser ajenos

Igualdad de género

(Foto: AFP)

El miércoles pasado se conoció que Suecia lideró el Índice de Igualdad de Género de la Unión Europea 2017. Casualmente, ese día estaba en Estocolmo, como parte de un grupo de periodistas internacionales invitados por el Instituto Sueco para conocer las políticas tomadas por dicho país en este tema.

La visita incidió en varias de las políticas que ponen a Suecia en la vanguardia mundial en igualdad de género, como el prolongado descanso por paternidad, que suma 480 días y en el cual cada miembro de una pareja debe tomar al menos 90 días. También todas las facilidades que brinda el Estado y las empresas suecas para el cuidado de los hijos, como preescolares gratuitos que atienden en diversos horarios, horarios flexibles e instalaciones corporativas para dejar a los niños.

A todo ello se suma una educación con un fuerte enfoque en equidad de género, ese mismo que aquí quieren borrar y que allá le ha valido amenazas de grupos conservadores a la directora de educación preescolar del histórico barrio de Gamla Stan por los innovadores métodos con los que lo implementa.

Pero el viaje no fue propagandístico, sino un espacio para reflexionar también sobre las tareas pendientes. En el citado índice, Suecia tiene 88,2 puntos de 100 posibles. ¿Qué le falta para llegar aun más alto?

Según la AllBright Foundation, cuya misión es impulsar una mayor presencia de mujeres en el liderazgo corporativo, solo 6% de las gerencias generales o presidencias de las principales empresas suecas es ocupado por mujeres. Una cifra que, si bien supera ampliamente a la peruana, deja en evidencia que no bastan políticas de seguridad social o esfuerzos educativos para romper el ‘glastak’ (techo de cristal, en sueco).

¿Qué más hace falta? Para esta fundación, se requieren tres pasos dentro de las propias compañías: generar métricas y metas, hacer un escrutinio franco y autocrítico de la cultura corporativa, y profesionalizar el reclutamiento, muchas veces mediante su tercerización a expertos.

La escasa presencia de mujeres en lo más alto del mundo corporativo es un problema del que no podemos ser ajenos, y para cuya superación no deberíamos esperar a que el Estado ofrezca beneficios escandinavos, dadas las evidentes restricciones presupuestales que tenemos. Se debe comenzar por casa, en la empresa y la familia. No nos hagamos los suecos.

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