Cuerpos divinos, por Alonso Cueto

“Brigitte Bardot tuvo la insolencia de vivir hasta los noventa y un años y el desparpajo de desafiar a su tiempo”, escribe Alonso Cueto en su columna de esta semana.
Brigitte Bardot falleció el 28 de diciembre del 2025.

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Cada época inventa sus modelos y sus contra modelos, sus líderes y sus insurrectos. , que tuvo la insolencia de vivir hasta los noventa y un años también tuvo el desparpajo de desafiar a su tiempo. Su primera mala película, “” ofreció al mundo un cuerpo femenino, reencarnación del mito de Venus, que iba a amenazar todas las convenciones y conservadurismos de los años cincuenta. Tal vez lo que más encendió los fuegos imaginarios del público fue su modo de caminar.

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, que escribió un ensayo sobre ella y el culto a la “mujer-niña” encarnada por Lolita, veía en esa proyección un ejemplo del poder femenino sobre los hombres.

Si Bardot fue el modelo que inventó Europa para proclamar la desnudez del cuerpo femenino como una insurrección, algo parecido ocurrió en Estados Unidos. En 1926, solo ocho años antes del nacimiento de Bardot, había llegado al mundo . Ambas actrices escogieron teñirse el pelo de rubio, siguiendo con la tradición de la diosa de pelo claro. Era una leyenda que personificaron la Venus de Boticelli y antes Isolda, “la de los cabellos de oro”.

La ambición, las frustraciones, las soledades de Brigitte Bardot la llevaron a buscar en ella misma, a una diosa coronada.

Estaba educada por una familia ultraconservadora y estricta. Era una niña tímida a la que le costaba pronunciar una palabra frente a extraños. Había recibido clases de baile de un maestro que gustaba de castigar a las alumnas hasta darles azotes. Era la fórmula que iba a crear una determinación dura que echaba mano de una capacidad de manipulación infinita. Casada con el director Roger Vadim (que la definió como “infiel y romántica”), le fue precisamente infiel a su marido con su compañero de actuación, . Desde entonces entró en numerosas relaciones con figuras conocidas, en un elenco que tuvo como estrella a su compañero . Hizo varias películas, la mayor parte bastante malas, aunque algunas se salvan (“Viva María”, “La Verdad” o “En Caso de emergencia”). Tengo un recuerdo vívido de verla montar a caballo en el antiguo cine Montecarlo, en una secuencia del western “Las Petroleras”, junto a otra diosa de piel más oscura y ojos más grandes, .

Si Marilyn Monroe se suicidó (o fue asesinada) a los treinta y seis años, Brigitte Bardotte tuvo cuatro intentos de suicidio. Finalmente, se retiró del cine a los treinta y nueve. Desde entonces, su fama se convirtió en motivo de proyectos generosos como el de la defensa a los animales, y otros repudiables como el odio a los inmigrantes, el racismo y la campaña contra las vacunas durante el COVID. Pero nada de eso la llevará a nuestra memoria. Lo que recordaremos de ella es el cuerpo suntuoso y la cara angelical de la niña que respondió al mundo para liberar la fantasía de su propia caja de Pandora.

En sus memorias “Lágrimas de combate” (2017) escribió: “No formo parte de la especie humana. No quiero formar parte. Me siento diferente, casi anormal”. Fue por eso que no dejó de buscar su aparición en las fotos, con frecuencia aferrada a alguna foca o a algún cachorro de perro. Dijo más de una vez que había dedicado su juventud a los hombres y su vejez a los animales. En otra ocasión declaró: “No me gusta la gente. Me alteran los nervios”. Palabras de una diosa coronada.

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