El día en que el ramen se puso criollo
El día en que el ramen se puso criollo
Redacción EC

Desde hace tres semanas, el centro comercial El Polo alberga una propuesta singular, que refresca el panorama gastronómico local. Se trata de , el restaurante en el que el destacado chef se anima a combinar los sabores asiáticos con la tradición criolla de una manera que no se ha hecho hasta ahora.

“El concepto se basa en la comida oriental, del sudeste asiático, con toques peruanos. No pretendemos ser un referente absoluto de la ramen clásica japonesa; de hecho, no hay japoneses en nuestra cocina, pero sí buscamos la rigurosidad en su preparación. Le ponemos el gusto peruano para que la gente descubra que este mundo es más asequible de lo que creen”, apunta Christian Bravo.

Pese a que actualmente existen cuatro locales de ramen en la ciudad, sostiene que estos son mucho más apegados a las técnicas y recetas tradicionales del Japón, lo que significa que hay terreno libre por explorar. “La idea no es competir con ellos, sino hacer algo distinto; ‘enchular la cocina’”, bromea. De hecho, la cuenta en Twitter del restaurante ha creado el hashtag #enchulaturamen para incentivar a los comensales a que se atrevan a probar un ramen criollo.

La sopa se elabora con el mismo proceso que la ramen clásica, con una cocción larguísima (la reducción base de la sopa se prepara en ocho a doce horas), e incluye ingredientes clásicos de la cocina nipona como los hongos shitake, kombu y otros vegetales. Pero a esto se suman pequeñas variaciones, como la presencia de nuestro rocoto o ají amarillo. ¿Qué se obtiene de eso?

“Buscamos una cocina más picante, más china. Estamos quebrando la tradición para llevarla hacia el gusto del peruano, con mucho sabor”, explica Christian Bravo. Así, además de una sustanciosa ramen con curry y panceta, la carta ofrece bocaditos como las típicas gyozas y spring rolls, así como los steam buns que Christian define como “una masa tipo min pao abierta, como sánguche”. Recomienda probar el de panceta anticuchera, el de chi jau kay con tártara, huacatay y palta, y el de pork belly con hoisin de fresa y vegetales encurtidos.

Otra de sus propuestas más atrevidas y con mayor acogida en el corto tiempo que lleva abierto el local es el cebiche a la piedra con miso y ají panca. Todo esto complementado con los platos de fondo, en los que predominan los salteados, arroces y, por supuesto, los fideos, que añaden elementos de la tradición japonesa, pero también china e, incluso, tailandesa (buen ejemplo es el Pad Thai, con pollo y langostinos, fideos yakisoba, ají limo, leche de coco y más). Sin duda, una cocina que lleva todo al wok, pero bien a la criolla.

Dónde

Centro Comercial El Polo, tienda 105, primer piso.