“Es frustrante la situación actual, porque ya había hecho planes para julio desde inicios de año”, cuenta Belén Rodríguez desde su azotea, donde se ejercita cada día. Ella es una experimentada contorsionista de circo.
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Circo en pandemia. (Foto: Anthony Niño de Guzmán)
Por Anthony Niño de Guzmán

El humor y el arte son dos fuentes de constante reinvención. Pero cuando la economía golpea y el público está ausente, el asunto se pone serio. Los meses de julio de cada año, Belén Rodríguez tiene mucho trabajo porque es la temporada alta del circo; con lo que gana, compra artículos para el hogar que comparte con su hija. Pero este julio ha sido distinto. A través de la asociación Circomas, ella dictaba talleres a niños y adolescentes de Comas, pero por la pandemia quedaron suspendidos. Intentó hacerlo vía Internet, pero no funcionó. Ahora tiene que vender pizzas y, cuando no alcanza, busca un semáforo. Allí realiza contorsiones y piruetas a cambio de alguna propina.