La quietud y la calma le perturban. Por eso Vanessa Saba (Lima, 1975) siempre está en movimiento, experimentando, desafiando sus propios límites. Sus padres creían que sería música, pero estudió publicidad y exploró la psicología y los certámenes de belleza antes de involucrarse en la actuación y, ahora, en la escritura. “Escribir me ha permitido volcar mis pensamientos en un escenario distinto, sacarlos de mi cabeza era lo que necesitaba hacer y no me daba cuenta”, comenta. La artista debuta en la literatura con “La calle inclinada”, un libro que reúne cuatro cuentos en los que explora la condición de la mujer y alberga sentimientos de alegría, tristeza, desesperanza y miedo.

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