Filomeno Ballumbrosio bajo el lente de su amigo, el fotógrafo Lorry Salcedo, a quien conoció en los 80 en la bohemia barranquina. (Foto: Cortesía de Lorry Salcedo)
Filomeno Ballumbrosio bajo el lente de su amigo, el fotógrafo Lorry Salcedo, a quien conoció en los 80 en la bohemia barranquina. (Foto: Cortesía de Lorry Salcedo)
Por Czar Gutiérrez

“¡De Perú, Filomeno, rey del cajón!”, gritó Charly García. Sentado de blanco impecable sobre su instrumento ancestral, golpeándolo a veces con la mano plana, a veces ahuecando los dedos, la metralla del cajonero peruano fue enhebrando la base, el cuerpo y el alma del “Rap de las hormigas”. Era el 14 de julio de 1990 y el Teatro Gran Rex —ese monumento de la avenida Corrientes que se levanta a pocos pasos del Obelisco— estaba de bote a bote: Charly presentaba su disco “Filosofía barata y zapatos de goma”. Bastaron cinco minutos para que el peruano generara la atronadora respuesta tanto de los 3 262 espectadores como de Fernando Lupano, Carlos García López, Fernando Samalea, Fabián Quintiero, Hilda Lizarazu y del mismo Charly, que se lanzaron sobre él como si hubiese anotado un gol albiceleste.

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