
Durante más de un mes, millones de familias en Estados Unidos han sentido el peso del cierre del Gobierno federal en sus mesas. La suspensión del Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP), conocido por sus cupones para alimentos, ha generado preocupación en los hogares más vulnerables. Lo que comenzó como una disputa política entre el Congreso y la Casa Blanca terminó convirtiéndose en una crisis alimentaria silenciosa, golpeando con mayor fuerza a los más de 42 millones de ciudadanos que dependen de este beneficio, entre ellos 10 millones de latinos.
SIN EMBARGO, LA INCERTIDUMBRE PODRÍA TENER LOS DÍAS CONTADOS
Según declaró el secretario del Tesoro, Scott Bessent, los fondos destinados al SNAP podrían reactivarse tan pronto como este miércoles 5 de noviembre, tras haber permanecido congelados desde el sábado.

En una entrevista con CNN, Bessent aseguró que el Ejecutivo está trabajando contrarreloj para cumplir con la orden judicial que obliga al gobierno del presidente Donald Trump a encontrar una vía de financiamiento para el programa. Si todo avanza según lo previsto, la ayuda alimentaria podría restablecerse en cuestión de horas.
Esta reactivación no es automática. Bessent explicó que aún deben completarse varios procedimientos administrativos antes de que el dinero vuelva a fluir hacia los beneficiarios. “Hay un proceso que debe seguirse, y tenemos que determinar cuál es ese proceso”, afirmó. No obstante, el hecho de que el gobierno haya decidido no apelar la sentencia judicial es una señal alentadora para millones de familias que han estado esperando poder llenar nuevamente sus refrigeradores y despensas.
El Departamento de Agricultura, encargado de la administración del SNAP, había anunciado previamente que no usaría fondos de emergencia durante el cierre del gobierno, una decisión que provocó que el programa se quedara sin recursos desde el 1 de noviembre. Esa postura fue duramente criticada por gobernadores y organizaciones civiles, que calificaron la medida como “inhumana” en medio de la crisis presupuestaria. Ahora, con la orden judicial en firme, el escenario parece dar un giro más favorable.

LA MEDIDA QUE TOMARON LOS ESTADOS PARA MITIGAR EL GOLPE DE LA SUSPENSIÓN
Mientras tanto, la solidaridad local ha sido clave para contener el impacto. Al menos una docena de gobiernos estatales han transferido recursos a bancos de alimentos y organizaciones benéficas para garantizar el acceso de los ciudadanos a productos básicos. Estas medidas de emergencia han evitado un colapso mayor, pero no son sostenibles en el tiempo: todos esperan la reactivación oficial de SNAP para estabilizar la situación.
La crisis del programa de cupones no solo refleja el impacto directo del cierre del Gobierno, sino también la creciente fractura política en Washington. El estancamiento entre demócratas y republicanos —divididos entre la financiación del sistema de salud Obamacare y la reapertura administrativa— mantiene paralizada gran parte del aparato federal. Con 33 días de inactividad, este cierre ya amenaza con convertirse en el más largo de la historia estadounidense.
Aun así, el anuncio de Bessent trae una dosis de esperanza. Si los pasos administrativos se completan sin contratiempos, los cupones SNAP podrían volver a estar activos a mediados de esta semana, marcando el inicio de un respiro para millones de familias que solo piden una cosa: la certeza de que, al final del día, tendrán algo que poner sobre la mesa.
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