Por Roger Zuzunaga Ruiz

Al mediodía de aquel 26 de febrero, el terrorista Ramzi Ahmet Yousef y sus cómplices estacionaron una furgoneta cargada con más de 600 kilos de explosivos en el garaje subterráneo de la Torre Norte del World Trade Center (WTC) de Nueva York. Querían que colapsara tras la deflagración y que el derrumbe del emblemático rascacielos arrastrara también a la Torre Sur. Miles morirían, según el plan, pues en ambos edificios había unas 50.000 personas.

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