Las mujeres se muestran muy activas en los últimos días en Managua, en las protestas contra el régimen de Daniel Ortega. La oposición está exigiendo garantes internacionales para seguir con las negociaciones en Nicaragua. (Foto: Reuters)
Las mujeres se muestran muy activas en los últimos días en Managua, en las protestas contra el régimen de Daniel Ortega. La oposición está exigiendo garantes internacionales para seguir con las negociaciones en Nicaragua. (Foto: Reuters)
Francisco Sanz Gutiérrez

Si no fuera por Venezuela, todos en la región estaríamos hablando de . Esta frase, repetida y escuchada tantas veces, revela el drama que atraviesa la pequeña nación centroamericana desde hace un año.

Fue en abril del 2018 cuando los nicaragüenses se lanzaron a las calles y no se fueron más de allí. Las protestas contra una medida puntual del gobierno de se convirtieron en el punto de partida de manifestaciones contra el régimen por la recesión económica y el modelo autoritario.

Al cabo de 12 meses no se sabe a ciencia cierta el número de víctimas mortales por la represión policial y paramilitar. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos habla de 325 fallecidos. Otros grupos locales de DD.HH. elevan la cifra a 561, mientras que el Ejecutivo solo reconoce 199, al tiempo que denuncia un intento de golpe de Estado.

Otras cifras dan cuenta de la envergadura del trance. Unas 850 personas han sido arrestadas por protestar contra Ortega, y al menos 55.000 nicaragüenses han tenido que partir al exilio. Además, el país se encamina a su peor crisis económica de los últimos 30 años. Si en el 2018 la economía se contrajo un 4%, en este 2019 se proyecta una retracción del PBI de entre 7% y 10%.

–Una voz desde el destierro–

Félix Maradiaga es uno de los miles que tuvo que abandonar Nicaragua. En su calidad de director del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas, fue un rostro visible de la oposición, sobre quien se dictó una orden de captura por un presunto vínculo con una organización criminal financiada por el narcotráfico.

Desde Estados Unidos, Maradiaga le cuenta a El Comercio que la vida en el exilio no es fácil. “Como parte de la persecución política en mi contra, hubo una fuerte afectación a mi patrimonio económico. Pero, así suene contradictorio, siento gratitud por estar vivo. Más de 500 familias nicaragüenses no tienen ese privilegio: les han asesinado a sus seres queridos”.

Maradiaga es hoy miembro del consejo político de la Unidad Nacional Azul y Blanco, la coalición opositora que agrupa 70 organizaciones políticas, sociales y estudiantiles, y así evalúa la situación: “Ha sido un año en el que la dictadura no tuvo reservas para desplegar su maquinaria represiva. Incluso para quienes por años nos hemos opuesto al Frente Sandinista, ha sido sorprendente ver la magnitud de los crímenes de lesa humanidad cometidos. Sin embargo, la ciudadanía no ha sido doblegada en sus anhelos de libertad y sigue protestando cívicamente”.

(Foto: Reuters)
(Foto: Reuters)

–Negociaciones estancadas–

Entre mayo y julio del año pasado, la mesa de diálogo entre el gobierno y la oposición no llegó a buen puerto y naufragó entre críticas de ambas partes. En las últimas semanas se ha retomado una agenda de negociación, pero el entrampamiento continúa.

En diálogo con El Comercio, Azahálea Solís –integrante de la Alianza Cívica, con asiento en la mesa– trasluce su impotencia. “En realidad, el aislamiento internacional y la debacle económica fue lo que hizo volver a Ortega a las negociaciones, no ha sido por convicción seria”, señala.

Agrega Solís que el mandatario “firma y no cumple”. Pone como ejemplo un acuerdo para la liberación total de los presos políticos. “Hay 200 arrestados que han debido ser excarcelados, pues están en una lista conciliada con la Cruz Roja, pero han pasado más de 10 días y nada”.

Al tiempo de lamentar que el obispo Silvio Báez, “una de las voces pastorales más valientes en momentos de gran aflicción”, se marche al Vaticano obligado por las circunstancias adversas para su persona, Solís advierte que “Nicaragua va a entrar en una gravísima crisis económica en muy poco tiempo”.

¿Descender a ese foso será motivo para que la comunidad internacional eche una mirada más aguda a la tragedia nicaragüense? “Es cierto que la crisis de Venezuela atrae más la atención mundial. Pero se debe comprender que el sistema represivo de Ortega está íntimamente ligado al de Maduro. Urge contar con la solidaridad democrática del mundo para las luchas por la libertad que se libran en países como Cuba, Venezuela y Nicaragua”, clama Maradiaga.

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