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El (buen) negocio de ser sostenible, por Luiz Gabriel Azevedo

“Lejos de ser un lastre, la sostenibilidad es una oportunidad de negocio, permite a las empresas asegurar su continuidad y posicionamiento y las vuelve más eficientes y rentables”.

Luiz Gabriel Azevedo Jefe de la División Ambiental, Social y de Gobernanza del Departamento de Riesgo, BID Invest

Giovanni Tazza

"El gran reto radica en conseguir que las empresas de esta región del mundo aumenten el valor de sus productos y a la vez minimicen el impacto de su producción" (Ilustración: Giovanni Tazza).

¿Quién respeta hoy en día una compañía que pisotea los derechos de los trabajadores, los derechos humanos o que atenta contra el medio ambiente? Actualmente, las empresas no son solo responsables de su producto sino también de crear valor económico, medioambiental y social, a corto y a largo plazo. En otras palabras, las empresas tienen que ser sostenibles y contribuir al progreso de las generaciones presentes y futuras.

Lejos de ser un lastre, la sostenibilidad es una oportunidad de negocio, permite a las empresas asegurar su continuidad y posicionamiento y las vuelve más eficientes y rentables. Y, pese a la percepción generalizada, aplicar una gestión sostenible es mucho menos costoso y complejo que hace unos años. Tecnología e innovación son la clave.

En el sector financiero, el banco paraguayo Sudameris ha sabido adaptar a su negocio la información que proporciona la innovación tecnológica. La institución financiera utiliza la plataforma en línea de Global Forest Watch, que ofrece datos en tiempo real para saber si un incendio amenaza alguna de sus inversiones o si un cliente maderero está comerciando con especies provenientes de áreas protegidas, información de gran valor para sus planes de gestión de riesgos.

El impacto de las nuevas tecnologías digitales en la economía es claro: durante las últimas tres décadas cada dólar invertido en este tipo de tecnología añadió una media de 20 dólares al producto bruto interno, 6,7 veces más que la inversión en productos no digitales. Y, sin embargo, aún no se está aprovechando el pleno potencial de lo que ya se conoce como la cuarta revolución industrial. Existe la percepción de que monitorear los indicadores de sostenibilidad es muy costoso y complejo y que requiere grandes inversiones.

En el sector agrícola, las nuevas tecnologías permiten gestionar más eficientemente las zonas cultivadas gracias al acceso a mayor cantidad de datos in situ sobre los cultivos. En Argentina, por ejemplo, existe una plataforma llamada La Rotonda que une a productores y contratistas rurales en lo que algunos han llamado una “uberización del campo”. Esta iniciativa permite a un productor ofrecer o solicitar servicios agrícolas de una manera directa y georreferenciada y ahorrarse intermediarios en la contratación de cada campaña agrícola.

Asimismo, la infraestructura sostenible puede verse significativamente favorecida por la innovación digital. En transporte, como parte de una nueva colaboración entre BID Invest y Waze, estamos trabajando con nuestro cliente Autopistas Urbanas (AUSA) en Argentina para brindarle datos sobre accidentes y estadísticas de tráfico en tiempo real, para así comprender mejor el impacto sobre la seguridad vial.

En muchos países son los propios consumidores los que están impulsando la digitalización de productos y servicios con una demanda hasta ahora desconocida de transparencia en los procesos de producción. Los ciudadanos quieren saber qué tipo de producto llega a sus mesas, lo que plantea retos para las empresas a la hora de gestionar las cadenas de abastecimiento.

Tener acceso a las mejores prácticas de sostenibilidad en banca, agricultura e infraestructuras son precisamente tres de los aspectos que más han demandado los clientes de BID Invest. Por ello, en el diseño de la Semana de la Sostenibilidad que se celebrará en Lima entre el 7 y el 11 de mayo, se han priorizado estos temas.

América Latina y el Caribe tienen una enorme responsabilidad debido a su importante papel como proveedores de materias primas en el mercado mundial y ello exige cada día más políticas y acciones basadas en criterios de sostenibilidad. El gran reto radica en conseguir que las empresas de esta región del mundo aumenten el valor de sus productos y a la vez minimicen el impacto de su producción.

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