"Hoy, seguimos pagando la consecuencia de nuestra –no siempre gratuita– inocencia".
"Hoy, seguimos pagando la consecuencia de nuestra –no siempre gratuita– inocencia".
Rubén Vargas Céspedes

El trabajo político marxista en Andahuaylas no comenzó con la organización terrorista . Desde los sesenta, Vanguardia Revolucionaria (VR) recorría las zonas rurales de esta provincia con algunos de sus cuadros más representativos: Mezzich, Quintanilla y Loayza. El objetivo de VR fue preparar una ola de invasiones de tierras. Teniendo como estrategia la formación y adoctrinamiento de organizaciones campesinas específicamente para este propósito, tomaron por asalto, de manera simultánea, a 68 de las 118 haciendas registradas en esta provincia.

En gran medida, cuando SL llegó a Andahuaylas, “el problema de la tierra” (al menos entendido desde esta lógica marxista) estaba casi resuelto. Las haciendas estaban literalmente destruidas y las tierras, en manos de las organizaciones de campesinos impulsadas por VR. Sumado a otros factores, la crisis económica y política derivada de este proceso liquidó al llamado «Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas», responsable de la reforma agraria (1968 – 1980).

Dos décadas de trabajo político constante, sistemático y planificado, tuvieron como consecuencia el embalse de una ponzoña marxista, transmitida a punta de traducciones panfletarias. La destrucción y deslegitimación de las instituciones estatales terminó de allanar el terreno para la “guerra popular”. Con este marco, SL comenzó su campaña en Andahuaylas, casi de manera simultánea que en Ayacucho, con acciones de agitación y propaganda.

Para algunos integrantes de VR, fue fácil sumarse a las filas de SL. Su experiencia en el campo facilitó el acercamiento a las zonas rurales. Como ya no había expropiaciones que hacer, construyeron un nuevo enemigo. Así, el ‘misti’ se constituyó en la personificación de ese ‘viejo Estado burgués’, que habían jurado destruir. Esta categoría abarcaba a los prefectos, subprefectos, gobernadores, alcaldes y jueces. Fue fácil con ello asignarles la etiqueta de ‘enemigos del pueblo’ y conquistar progresivamente las mentes y corazones con el “odio de clase”, con el cual justificaban sus brutales asesinatos. Uno tras otro fue aniquilado. Varios de ellos ejecutados en las plazas públicas. Valiéndose nuevamente de los símbolos, a eso le llamaban juicios populares. Claro, siguiendo la ruta maoísta, lo que buscaban era generar vacíos de poder.

Conozco estas historias no solo por haberlas investigado, sino también porque las viví con mi familia en carne propia. Mi padre fue un aprista de convicciones muy firmes, que ostentó casi todos los cargos públicos en un distrito de Andahuaylas. Se enfrentó a la izquierda radical (especialmente a Mezzich), en la comprensible soledad del temor que generaban. A la llegada de SL, eso le valió convertirse rápidamente en uno de los principales objetivos. Primero fueron las extorsiones (idílicamente llamadas cupos de guerra). Las cartas con amenazas de muerte, especialmente contra nosotros, sus hijos más pequeños, eran muy convincentes. Aun así, firme en sus convicciones, no le sacaron un centavo al viejo.

Escapamos de muchas emboscadas durmiendo en conventos e iglesias. No pudieron con mi padre, pero asesinaron a mi tía Carmen. A mi tío Martín lo dejaron malherido, condenándolo a una agonía que duró 20 años. El asedio era implacable y el miedo se apoderó de todo un pueblo. Solos no podíamos seguir enfrentándolos. Una mañana, mi padre me pidió armar nuestra Remington para redactar una minuta donando varios terrenos a las comunidades. A mis 12 años, lo más triste fue hacer lo mismo con Pinto, el caballo que mi padre me había regalado. Ahí supe lo que se sentía una despedida.

Como muchos peruanos, llegamos a Lima huyendo de Sendero Luminoso. Para nosotros, ese tuvo un rostro y un nombre, que en estos meses ha vuelto a la palestra: Edith Lagos.

Un 3 de septiembre, hace 39 años, Edith Lagos fue abatida en las afueras de Andahuaylas. Había muerto una terrorista a la que un profesor de filosofía le hizo creer que la “acción revolucionaria” era asesinar ‘mistis’, pero también campesinos. Conocida la noticia, la morgue de Andahuaylas recibió la visita de ministros que llegaban para certificar que se trataba de este personaje. El presidente de la República ordenó trasladar el cuerpo a Ayacucho para darle la cristiana sepultura que pocas de sus víctimas merecieron. El obispo católico pidió orar avemarías por el eterno descanso de un alma que atormentó a tantos otros miles. Camino al cementerio, acompañaron al féretro miles de personas en éxtasis colectivo. Sin duda eran tiempos distorsionados. El pensamiento binario era el prevalente, pero para mi familia era muy complejo tratar de entender el sentido de esos días oscuros.

Incluso después de su muerte, SL siguió ejecutando una planificada campaña para construir en Edith Lagos la imagen de una “guerrillera universitaria que buscaba la justicia”. Una María Parado de Bellido maoísta. Dedicaron poemas y canciones a las hazañas de la ‘comandante Lagos’. La prensa y los ‘investigadores’ (algunos a sabiendas), ayudaron a construir la imagen de esta joven ayacuchana rebelde. Las fuerzas armadas, la policía nacional y los comités de autodefensa hicieron su parte. Nosotros, los civiles (partidos políticos, sociedad civil) descuidamos o rehuimos nuestra tarea política. Hoy, seguimos pagando la consecuencia de nuestra –no siempre gratuita– inocencia.

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