Simón Bolívar, recuerdo y elogio; por Héctor López Martinez

“En veinte años de actividad incesante Bolívar había realizado una obra colosal e imperecedera”.

    Héctor López Martínez
    Por

    historiador

    hlopez@comercio.com.pe

    "Simón Bolívar, que pudo salir ileso de innumerables batallas y escapó de emboscadas y puñales asesinos, sucumbirá ante un enemigo invisible". (Ilustración: Víctor Aguilar)
    "Simón Bolívar, que pudo salir ileso de innumerables batallas y escapó de emboscadas y puñales asesinos, sucumbirá ante un enemigo invisible". (Ilustración: Víctor Aguilar)

    Muy enfermo, desilusionado, desfalleciente, Simón Bolívar llegó a Santa Marta, a orillas del Caribe, en Colombia, el 1 de diciembre de 1830. Ya no podía caminar, su voz era profundamente ronca y su estado general no dejaba dudas respecto a su próximo fin. Por ironía del destino –como escribió Gerhard Masur–, Bolívar halló su último refugio en la casa de un español, Joaquín de Mier, admirador del Libertador, quien le ofreció como residencia su hacienda San Pedro Alejandrino. El lugar era hermoso. Había una pequeña bahía protegida por las montañas y a lo largo de la playa abundaban las palmeras.

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