(Ilustración: Giovanni Tazza)
(Ilustración: Giovanni Tazza)
Fernando Rospigliosi

Analista político

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La inusual advertencia de la embajada norteamericana en Lima sobre la presencia de cientos de naves pesqueras chinas presuntamente depredadoras frente a las costas peruanas originó, como era previsible, una fuerte respuesta de la embajada china. Y también un no tan habitual berrinche de Cancillería, que manifestó su disgusto en un pronunciamiento y convocó al encargado de negocios de los EE.UU. para expresarle su molestia.

El asunto es si este incidente es solo una manifestación local de la cuasi guerra fría que se está iniciando entre las dos grandes potencias o si estamos asistiendo a un cambio de la política norteamericana respecto al Perú.

Un interesante artículo de Evan Ellis, “El nexo evolutivo entre el crimen transnacional y el terrorismo en Perú y su importancia estratégica para EE.UU. y la región”, podría arrojar algunas luces. Ellis es profesor e investigador del Instituto de Estudios Estratégicos de la Academia de Guerra del Ejército de los EE.UU. y su artículo fue reproducido como documento de trabajo por la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégico del Ministerio de Defensa de Chile.

Ellis advierte que “dentro de la región, la trayectoria seguida por Perú en estas materias, tanto políticas como económicas, podría llevar al surgimiento de un líder socialista populista, algo similar a lo que ocurrió en Venezuela en 1998, con consecuencias importantes para los vecinos de Perú y la estabilidad de la región. En Venezuela, el difunto líder populista, Hugo Chávez, [permitió que su país se convirtiera] en un paraíso para grupos terroristas, actividades del crimen organizado y actores extra-hemisféricos tales como Irán y Rusia, que buscaban realizar actividades en la región opuestas a los intereses estadounidenses. Si las deterioradas condiciones de Perú llevan a una revolución populista estilo Venezuela, las consecuencias incluirían no solo importantes privaciones económicas y pérdidas de libertades políticas para los peruanos, sino el surgimiento de un centro de criminalidad y violencia en el corazón de Sudamérica y su relación con Asia”.

“La nación es una bomba de tiempo en el centro de un continente y un nexo importante para otras tres naciones en lo que respecta a flujos financieros, comerciales y de criminalidad internacional. Un importante deterioro en la voluntad o capacidades del Estado peruano para combatir el crimen organizado no solo se propagarían a la economía criminal de Sudamérica, sino tendría un significativo impacto tanto en América del Norte, Europa, como también, en Asia”.

“Más allá de la economía ilícita, sin embargo, Perú también es un actor clave en el comercio transpacífico y de la minería, y su desestabilización tendría una importante repercusión para la economía global. […] La nación está también en el centro de una línea divisoria dentro de Latinoamérica respecto a cómo enfrentar Asia, en cuanto a la pregunta sobre qué tipo de relación mantendrá la región con Rusia, y en relación con la lucha sobre si el multilateralismo en el hemisferio incluirá o excluirá a EE.UU. y Canadá. En lo que respecta a Perú, puede inclinar al hemisferio”.

Y concluye, “Perú merece prioridad estratégica dentro de la administración estadounidense”. Hasta ahora no parecen tomar en cuenta esas advertencias en el Gobierno norteamericano.