"Pensemos en qué pasa cuando abrimos nuestro ‘feed’ de Twitter o Facebook. Es probable que, en el lapso de diez segundos, encontremos una noticia sobre un perro en adopción, un ataque terrorista en alguna parte y las lluvias en Piura".
"Pensemos en qué pasa cuando abrimos nuestro ‘feed’ de Twitter o Facebook. Es probable que, en el lapso de diez segundos, encontremos una noticia sobre un perro en adopción, un ataque terrorista en alguna parte y las lluvias en Piura".
Daniela Meneses

Periodista y abogada

La artista y profesora de Stanford Jenny Odell ha publicado un libro que comparte título con esta columna, y que las últimas semanas ha aparecido en distintos ránkings de fin de año (más recientemente, en el ya famoso listado del expresidente Obama). Al contrario de lo que podríamos pensar, Odell no habla de la importancia de hacer un ‘detox’ digital el fin de semana; tampoco hace un llamado a que cerremos nuestras y borremos las aplicaciones de nuestro celular. La escritora discute más bien cómo resistir las ideas de que el tiempo es dinero y de que necesitamos ser siempre productivos; y cómo evitar estar constantemente envueltos en lo que está sucediendo y en lo que se está discutiendo ahorita mismo.

Hagamos, con ella, un ejercicio. Pensemos en qué pasa cuando abrimos nuestro ‘feed’ de Twitter o Facebook. Es probable que, en el lapso de diez segundos, encontremos una noticia sobre un perro en adopción, un ataque terrorista en alguna parte y las lluvias en Piura. Todas noticias que generan una expectativa de reacción, y que son presentadas sin contexto y en forma de avalancha. Odell nos llama a reconocer esta vorágine de información, resistir el pedido de los medios de pensar en ciclos de 24 horas o menos, y mostrar “ser capaces de pensar en diferentes escalas de tiempo”. También hace un llamado a pensar antes de hacer clic en el ‘clickbait’. Y a “arriesgar ser impopulares y buscar contexto cuando nuestro ‘feed’ de Facebook es una avalancha de ira y de culpar al otro sin freno”. “Estoy menos interesada en un éxodo masivo de Facebook y Twitter”, dice, “y más en un movimiento masivo de atención: ¿qué pasa cuando la gente vuelve a ganar control sobre su atención y la comienza a dirigir otra vez?”

Tenemos así que el no hacer nada de Odell, en realidad, se revela como algo distinto: como un hacer cosas en otro plano, uno más lento, más atento al contexto, más atento a la interioridad. Quizás la mejor forma de entenderlo es a través de su práctica personal: ‘notar’ aves. Luego de las elecciones del 2016 en las que salió elegido Donald Trump, en un momento de mucha conexión y en el que le era difícil encontrar espacios para el silencio, comenzó a encontrar cobijo en los pájaros; más precisamente, en un grupo de aves de la especie huaco común que habitaban cerca de un KFC de su barrio y que veía de regreso a su casa y en dos cuervos a los que alimentaba desde su balcón. Con la ayuda de un libro y de una aplicación (iNaturalist) comenzó luego a ser capaz de reconocer las especies de aves y plantas que veía: “Como resultado, más y más actores aparecieron en mi realidad. Ademas de pájaros había árboles, luego distintos tipos de árboles, luego bichos que vivían en ellos. Comencé a notar las distintas comunidades de animales, de plantas, cadenas montañosas, fallas tectónicas, cuencas […]. Me vi con la extraña conciencia de que todas estas cosas habían estado allí antes, pero habían sido invisibles en mi previa representación de la realidad”.

Puede que los animales no sean lo nuestro, y el libro está lleno de alternativas. Odell considera entre otras muchas las piezas del compositor John Cage para una nueva aproximación a los sonidos, o la obra en video del artista David Hockney para una nueva forma de entender los paisajes. “Es bastante intuitivo que para realmente entender algo se necesita prestar atención a su contexto. Lo que quiero enfatizar aquí es que la manera en que esto pasó en mi caso con los pájaros estuvo relacionada al espacio y al tiempo […]. Cosas como el hábitat y la estación me ayudaron a darle sentido a las especies que veía, por qué las veía, qué estaban haciendo y por qué. Sorprendentemente, fue esta experiencia y no un estudio de cómo Facebook nos deprime lo que me ayudó a entender qué me molesta tanto de mi experiencia en las redes sociales”.

Ahora que llegamos al final del artículo, quizás se estén preguntando qué se gana con todo esto. Si presto más atención al contexto, ¿me voy a beneficiar de alguna manera? ¿Mi salud mental va a mejorar? ¿Quizás lo hará mi empatía o mi creatividad? Eso es precisamente lo que le preguntaron a Odell en una entrevista: “Creo que puede llevar a todas esas cosas, pero tengo cuidado de no instrumentalizarlo. Estoy genuinamente interesada en la nada en aras de nada, más que en la nada en aras de algo”.