“El ascenso de Javier Milei tiene que ver con el hartazgo de buena parte de la población”.
Está claro que el ascenso de Javier Milei tiene que ver con el hartazgo de buena parte de la población respecto de la clase política ante la eternización de la crisis económica. Argentina vive ahora lo que ha sucedido en otros países, como el Perú, que vieron el surgimiento de ‘outsiders’ que se posicionan en contra de los políticos tradicionales, aparejado con el resquebrajamiento del sistema de partidos.
Lo que está menos claro es hasta qué punto, más allá del entusiasmo que despiertan los ataques de Milei a lo que él llama “la casta”, sus votantes comparten sus posturas ultraliberales. Después de todo, en Argentina existe una cultura antigua de dependencia del Estado como proveedor de empleos y de subsidios, que va más lejos de lo que ofrecen los estados de bienestar a la europea. Ya se han lanzado lúgubres predicciones de que correrán ríos de sangre si Milei, de llegar al poder, aplica sus ideas.
En todo caso, independientemente de la perplejidad que generan varias propuestas del exaltado economista, sí es indudable que se ha abierto un espacio psicológico más amplio que en otras oportunidades para liberalizar y reformar profundamente la economía argentina. El pandemónium actual, con tipos de cambio múltiples y medidas arbitrarias del gobierno que entorpecen seriamente la actividad productiva, entre muchos otros aspectos, no puede continuar.
Hubo un momento en que se decía que había tres tipos de economía en el mundo: la capitalista, la socialista y la argentina, y que nadie entendía esta última. Es muy posible que, tras las elecciones, se den las indispensables correcciones que la hagan inteligible.
A nivel internacional, es previsible que un eventual gobierno de Milei tenga muchas dificultades en trabajar en buena inteligencia con el Brasil de Lula, más aún si se tiene en cuenta su planteamiento de acabar con Mercosur, lo que, obviamente, tendría el efecto de un cataclismo en la región. También lo tendría la aplicación de su idea de la ruptura con China.
Ese es el problema con un personaje como Milei. Es una especie de meteorito que puede dar un sacudón beneficioso a Argentina, precipitando cambios ya obligatorios a estas alturas, pero que, al mismo tiempo, sus excentricidades, por llamarlas de alguna forma, hacen absolutamente imprevisible lo que podría ocurrir con ese país hermano. Podría pasar de la economía ininteligible a un escenario mágico-político a lo García Márquez, que incluya ladridos desde el más allá de una mascota ya fallecida.
Si bien las famosas PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias) pueden anunciar los resultados de las elecciones subsecuentes, no es seguro todavía que la trayectoria del meteorito lleve al impacto y Milei termine aterrizando en la Casa Rosada. Tal vez solo sea necesario que Argentina sea rozada para que adopte un nuevo rumbo.