"Si Boric decide promover cambios sociales y, al mismo tiempo, defiende la democracia en Chile y en la región, podría convertirse en el líder de una nueva izquierda democrática". (Ilustración: Raúl Rodríguez)
"Si Boric decide promover cambios sociales y, al mismo tiempo, defiende la democracia en Chile y en la región, podría convertirse en el líder de una nueva izquierda democrática". (Ilustración: Raúl Rodríguez)
Andrés Oppenheimer

El presidente electo de Chile, , de 35 años, tiene una oportunidad histórica para crear una nueva izquierda latinoamericana que promueva la justicia social y, al mismo tiempo, se mantenga lejos de las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Sí, suena ingenuo, pero es posible.

Boric ha criticado recientemente el fraude electoral en Nicaragua, los abusos de los derechos humanos en Venezuela y la represión del régimen cubano contra los manifestantes pacíficos en la isla. Probablemente lo hizo porque necesitaba ganar votos moderados para ser electo, pero sus condenas a estas dictaduras podrían ser permanentes.

Heraldo Muñoz, un excanciller chileno que apoyó a Boric, me dijo que lo más probable es que Boric mantenga sus críticas a estos regímenes tras asumir el cargo en marzo.

“Él se ha referido al régimen de Venezuela como una dictadura y ha sido crítico del fraude electoral de Nicaragua”, me dijo Muñoz. “Tiene convicciones bastante sólidas en materia de democracia y derechos humanos”.

Boric tuiteó el 12 de noviembre, poco después de la farsa electoral del 7 de noviembre en Nicaragua, que “Nicaragua necesita democracia, no elecciones fraudulentas ni persecución a opositores”.

En julio, durante las masivas protestas sociales en Cuba, Boric también había expresado su solidaridad con los manifestantes cubanos. “Tengo un estándar único con respecto a las violaciones de derechos humanos, y es que son inaceptables”, dijo en ese momento.

En el 2019, abandonando su anterior apoyo al régimen venezolano, Boric tuiteó que “el gobierno de Nicolás Maduro está violando gravemente los derechos humanos. Desde la izquierda debemos condenarlo sin empates ni matices”. Boric puede resultar menos activista en la lucha por restaurar la democracia en Venezuela y Nicaragua que el presidente saliente Sebastián Piñera, pero probablemente no abandonará la defensa de Chile de las libertades básicas en esos países.

Primero, es probable que Boric maneje la política exterior él mismo, y no el Partido Comunista. La tradición en Chile es que el presidente esté a cargo de la política exterior, y no es probable que eso cambie con Boric.

En segundo lugar, Boric enfrentará una fuerte oposición del centro y la derecha en el Congreso. Los partidos de oposición controlarán 25 de los 50 escaños del Senado, y Boric tendrá que buscar aliados por afuera de su coalición para aprobar leyes. Apoyar a Venezuela o Nicaragua le restaría votos muy necesarios en el Congreso.

En tercer lugar, Boric deberá mostrar independencia del Partido Comunista. Boric perdería a muchos de sus votantes más moderados si resulta ser un pelele de un partido de la izquierda jurásica.

Lo más probable es que las prioridades en política exterior de Boric sean firmar tratados internacionales para combatir el calentamiento global y mejorar los lazos con Argentina. Incluso podría emprender una ofensiva de paz con Bolivia, que mantiene una vieja disputa territorial con Chile.

Con respecto a Cuba, puede que no tenga las agallas para criticar a la dictadura cubana como a las de Venezuela y Nicaragua. Muchos miembros de la vieja izquierda chilena todavía tienen una visión romántica del régimen de Cuba, y puede que Boric trate de obviar el tema de Cuba para no antagonizarlos.

Boric ciertamente corre el riesgo de ahuyentar las inversiones –la bolsa chilena cayó un 7% el lunes, el día después de su victoria–, y provocar más fuga de capitales y más pobreza.

Pero si se maneja responsablemente, como lo prometió en su discurso inaugural, podría convertirse en un modelo a seguir.

Si Boric decide promover cambios sociales y, al mismo tiempo, defiende la democracia en Chile y en la región, podría convertirse en el líder de una nueva izquierda democrática.

Esa sería una gran noticia, porque la izquierda latinoamericana en años recientes ha sido secuestrada por Venezuela y sus aliados, que no han traído más que violaciones a los derechos humanos, corrupción y mayor pobreza. ¡Ojalá que siga ese camino!


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