Las sombras y las amenazas, por Hugo Coya
Las sombras y las amenazas, por Hugo Coya
Hugo Coya

Periodista

Una regla no escrita establece que para conocer plenamente a un político hay que observar con detenimiento su actuación durante una campaña electoral y, cuando falta poco más de dos semanas para saber quién gobernará el país, esta premisa se ha vuelto tan brillante que puede llegarnos a enceguecer. 

Como toda campaña que se precie, las acusaciones de un lado y otro serán numerosas y los medios de comunicación otorgarán generosos espacios al convertirse en escrutadores de la conducta de los políticos, poniéndolos en evidencia cuando se sospeche que no actúan en forma correcta. 

Nada nuevo en un país donde la prensa reemplaza a los partidos, el Congreso, los órganos de control y el Poder Judicial, debido a que dichas instituciones, con frecuencia, son meros artículos decorativos cuando se trata de investigar y reprimir la corrupción.

Los periodistas indagamos y divulgamos hechos que pueden ser contrarios al interés ciudadano. Pero no todas esas denuncias se transforman en escándalo ya que se requiere de determinados sucesos concomitantes, como los que enfrenta, en estos momentos, el ahora ex secretario general de Fuerza Popular, Joaquín Ramírez, por la presunta investigación de lavado de activos que realiza la DEA.

Ramírez aguardó hasta el martes para responder y renunció a su cargo el miércoles a través de una carta. Apeló al manido argumento del racismo para contrarrestar la nueva revelación y amenazó con demandar a los periodistas de América Televisión por difundirla.

No obstante, las sospechas acerca de cómo pasó de modesto cobrador de combi a propietario de un imperio inmobiliario despiertan el interés de la prensa y de las Procuraduría y Fiscalía de Lavado de Activos desde hace algunos años. 

Pero quizás lo más grave no es que esas suspicacias traspasasen ahora nuestras fronteras sino que la persona que aspira a conducir los destinos de la nación afirmase, en su defensa, que desconocía acerca de los negocios de quien hasta apenas hace tres días era nada menos que su mano derecha. 

¿Por qué Keiko Fujimori no pidió informes al aparecer los primeros cuestionamientos sobre el origen de su fortuna? Gran interrogante porque ella y sus partidarios son conscientes de que el rubro más pesado de su mochila es, precisamente, el combate a la corrupción por lo sucedido durante el gobierno de su padre. Alberto Fujimori afirmó, al descubrirse la red de Vladimiro Montesinos, que desconocía por completo sus actividades ilícitas.

Tratándose de uno de los hombres de confianza de la persona que puede gobernar el país en los próximos cinco años, ella debería haberse interesado por conocer al detalle los negocios de Ramírez y no escudarse en su desconocimiento para intentar contornar la crisis desatada por el reportaje de “Cuarto poder”. 

Como si esto fuera poco, la amenaza de enjuiciar a los periodistas de América Televisión por la difusión de la información le ha abierto otro frente con la prensa.

Los políticos deben entender que los periodistas son, por definición, incómodos al poder porque se deben a los ciudadanos. No responder debidamente a las acusaciones y achacarles que están confabulados para favorecer al otro candidato solo alimenta temores sobre el futuro de la libertad de expresión en el país, en caso de que llegase al poder.  

Es cierto que una verdad parcial no se convierte en verdad sino en una ilusión de ella y que los periodistas deben dejar de lado simpatías y aversiones políticas para cumplir con su función, especialmente cuando la influencia de los medios crece en el momento que los ciudadanos deben optar por un determinado candidato.

Si Ramírez, Keiko y los dirigentes de su partido consideraban que el reportaje no se ajustaba a la verdad, bastaba con salir al frente y demostrarlo con pruebas en la mano. Es lo que se espera de quienes se proponen la noble tarea de dirigir el país, puesto que las crisis sacan a relucir el verdadero talante de estadista. 

Conozco el profesionalismo de los periodistas involucrados en el reportaje de “Cuarto poder” y estoy convencido de que ninguno divulgaría algo por encargo o intereses subalternos. Mi solidaridad con ellos ante la injusta andanada de insultos y amenazas que vienen recibiendo. 

No sabemos aún el impacto que pudiera tener este episodio en la campaña, pero deja una importante lección para que los políticos entiendan que cuando aparece una denuncia, por precaria que sea, debe ser investigada y esclarecida hasta las últimas consecuencias. 

Cuando hay transparencia, los políticos demuestran que no tienen nada que ocultar y la prensa cumple su rol fiscalizador sin cortapisas, la democracia es democracia, evitando que sea eclipsada por cualquier sombra o amenaza