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Tánato en acción, por Marco Aurelio Denegri

Nuestra cultura gusta de la violencia, del derramamiento de sangre, de la aniquilación; pero se angustia ante el erotismo

Tánato en acción, por Marco Aurelio Denegri

Tánato en acción, por Marco Aurelio Denegri

Desde que el hombre descubrió las armas, o mejor dicho, desde que las armas descubrieron al hombre, revelando lo que verdaderamente era, un asesino potencial, Tánato, o Thánatos, como decían los griegos, comenzó a progresar indetenible, hasta ahora. Tánato gobierna el mundo y cada veinte segundos un hombre mata a otro hombre. El ser humano, “lóbrego mamífero”, como lo llamaba César Vallejo, “suda, mata y luego canta, almuerza, se abotona...” Y yo agregaría: “y tira mil quinientas bombas diarias con enfermiza complacencia”. Y mañana tirará dos mil y pasado mañana tres mil, y así sucesivamente, hasta que desaparezcamos todos y quede totalmente destruido el planeta.

Hace 43 años, en los primeros meses de 1972, se exhibió en Lima una película titulada “Mata, Drácula, mata”. En los anuncios se decía, entre otras cosas, que se trataba de una espeluznante orgía sangrienta, algo nunca visto, una cinta irrecomendable para quienes sufrían de los nervios o padecían del corazón.

Por supuesto, a nadie le pareció “malo” o “inmoral” semejante despliegue publicitario. Habría bastado, empero, cambiar el verbo del título de la película para que se disparase al punto la acción censoria. En efecto, si la película se hubiese llamado “Copula, Drácula, copula”, habría sido inmediatamente tildada de “pornográfica” y desde luego prohibida.

Meses después de haberse exhibido “Mata, Drácula, mata”, estuvo en cartelera, en el mes de julio de 1972, otra película de terror. Se llamaba “Asustemos a Jéssica hasta morir”. Yo dirigía por entonces la revista Fáscinum, una revista científica y artística de cultura sexual, y en el tercer número, en la sección “El mundo del sexo”, propuse cambiar el título de la película que protagonizaba Jéssica. Dije que en lugar de asustar a Jéssica, sería mejor copular con ella hasta morir. Al fin y al cabo, si se trataba de morir, entonces era mejor morir de placer y no de susto.

Nuestra cultura es antisexual y protanática, o sea promuerte y antivida. Gusta de la violencia, del derramamiento de sangre, de la aniquilación y el exterminio; pero se angustia sobre manera ante el erotismo, el placer, la genitalidad gozosa y el orgasmo. No quiere vivir hasta morir. Lo que quiere es asustar hasta morir. Se afana en arrasar, asolar y devastar. Ansía fervientemente destruir y matar. En la Sociedad Informática y en la Era Digital, la destrucción y la muerte son mucho más importantes que la vida y el placer.

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