“Sueño con algún día ser campeón mundial"
“Sueño con algún día ser campeón mundial"
Redacción EC

ROGER AGUILAR

En el modesto gimnasio que ha acondicionado en un espacio de su casa, Álder Idrogo entrena todos los días, sin importar si hay o no una pelea programada en el calendario. No quiere darle ninguna ventaja a su próximo rival. Una pequeña radio negra de dos parlantes le hace compañía.

—¿Cuál es la pelea que más recuerdas?
La que perdí en el Callao en el 2012. Fue mi sexta pelea como boxeador profesional. Me fui  solo y mal preparado. No perdí por nocaut, sino por puntos. Cuando volvía en el carro a Chiclayo, me  dije: ´Nunca más me regalo´. Me avisaron sobre la pelea 10 días antes, y yo, por el monto del dinero, acepté. Necesitaba el dinero, pero, desde esa derrota, nunca más me regalo con una pelea. Construí mi gimnasio y  no pierdo mi ritmo de entrenar.

—Me contabas que la pelea con Lobas fue difícil porque él es zurdo.
Era incómodo. Yo solicité  a la comisión internacional de boxeo un peleador de mi categoría de Ecuador, por los costos. Ellos eligieron a Bryan Lobas, pero yo no sabía que era de guardia zurda hasta una semana antes de la pelea. Es incómodo pelear con un zurdo porque tiene la guardia cambiada. Por más que estés bien cubierto, siempre te va a levantar la mano por el centro.

—Acaba la pelea, se va la adrenalina y empiezas a sentir los dolores por los golpes que has recibido. ¿Cuántos días te tomó recuperarte?
Tres días estuve un poco delicado. Tuve dificultades para caminar, pero me curé con pastillas, antinflamatorios, pomadas. A partir del cuarto día, volví a entrenar. 

—¿Qué puertas te abre tener el título bolivariano?
El bolivariano es un título de una región del mundo. Así, otro campeón mundial puede decir: ´Tráiganme a este peleador de Chiclayo´. Costean mis gastos y yo puedo tentar el título que tiene ese peleador. Quiero ingresar a la Fedelatin [Federación Latinoamericana de Comisiones de Boxeo] y de ahí escalar hasta ser campeón en mi categoría. Soñar no es malo y yo sueño con algún día ser campeón mundial.

—Aparte del boxeo, ¿a qué te dedicas?
Trabajo en una empresa de seguridad  y dicto clases de boxeo. Enseño a niños, dos de ellos ganaron sus peleas antes de que yo le ganara a Lobas. Entre mis alumnos también hay ingenieros, arquitectos, gerentes. Hay varias mujeres.

—¿Qué les estimula a ellos aprender box?  No creo que sea el título mundial...
(Risas). No, eso ni hablar. La gente viene para quitarse el estrés del trabajo. Pero sobre todo porque, según la Asociación Mundial de Boxeo, en media hora de boxeo se eliminan 511 calorías. Y eso lo he comprobado con mi alumnas, quienes ahora están más delgadas.

—¿En quién te inspiras para salir adelante?
En mis hijas, en mi esposa, en mi madre, en mi familia.