Juan Pérez, de 44 años, ahora administra uno de los dos miradores de aves que existen en el Bosque de Protección (BPAM), en , donde pueden observarse hasta diez especies de colibríes en solo una hora. Él antes se dedicaba a sembrar y, debido a que no contaba con capacitación, deforestaba tierras nuevas cuando la suya dejaba de ser fértil. Pero hace un año empezó a trabajar con colibríes. “Pongo botellas con azúcar disuelta en agua para que vengan. Yo espero que este lugar se haga conocido por turistas y así generar ingresos”, indica.

Este es uno de los emprendimientos que desde hace un año el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado () y Conservación Internacional (organización a cargo del contrato de administración del BPAM) impulsan en esta zona, conocida principalmente por su producción de café, para mejorar la economía de los vecinos y fomentar la protección del bosque. El objetivo es reducir la en las tierras.

Según la jefa del BPAM, Ivonne Paico, desde hace algún tiempo veían potencial e interés en algunos agricultores de café para diversificar sus actividades y hacerlas sostenibles. “Se ha trabajado el avistamiento de aves, porque es una zona con potencial para el turismo [hay 400 especies de aves]. A otros les hemos enseñado a sembrar pitahaya (cultivo nativo del bosque), a hacer artesanías o cultivar orquídeas. Son más mujeres quienes, en muchos casos, daban la iniciativa para este cambio”, explica.

Historias de cambio

Marilú Pinedo es la presidenta del comité de mujeres de la zona y desde hace un año lleva clases de artesanía para elaborar sombreros de paja bombonaje. Con esta actividad ha logrado su autonomía económica. “Mi hija de 12 años también sabe tejer, las dos hemos hecho cartucheras para el colegio y se alegra cuando las vende”, indica.

Joimer Vargas terminó los cursos para ser un catador certificado de café y ahora es uno de los encargados de dar puntaje a los productos que se exportan a Alemania, Finlandia y Estados Unidos. En el laboratorio implementado por Sernanp, se capacita a los hijos de los productores para que conozcan el valor del café y los cuidados que requiere.

“Lo que he aprendido lo comparto con mi familia. Mi papá ahora ya se convenció de que la tierra hay que trabajarla para generar un producto de calidad”, cuenta.

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